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No mires arriba (Don’t Look Up) (****)

9 diciembre 2021
No mires arriba

Un cometa amenaza con destruir la vida sobre la Tierra. Sus descubridores intentan convencer a todo el planeta del peligro, pero los medios de comunicación y los responsables políticos conceden preferencia a los cotilleos y otras acciones para captar votos. Una gran corporación se opone a tomar medidas drásticas para sacar beneficio.

A mal tiempo, buena cara, o como reírse del fin del mundo. Eso es lo que consigue Netflix con este trabajo de Adam McKay. Después de dos títulos muy apetecibles en el último quinquenio ha conseguido un film redondo en el que cada uno de los personajes, y son bastantes, tienen su función y capitalizan un estatus social o económico que podemos identificar con nombres y hasta situaciones reales. En cierto modo, es un compendio de su cine, incluidas las películas con Will Ferrel al frente del reparto.

Ahora cuenta con una pléyade de estrellas y arranca con un descubrimiento capital a cargo de la doctorando Kate Dibiasky –Jennifer Lawrence-. Durante sus estudios descubre un nuevo cometa que se bautizará con su nombre. Su profesor, el astrónomo Randall Mindy –Leonado DiCaprio- profundiza en la investigación y llega a una solución trágica: el cuerpo celeste, del tamaño del Everest, chocará contra la Tierra y provocará la muerte total de vida en el planeta. Con la ayuda del doctor Oglethorpe –Rob Morgan- pretenden concienciar a la población.

Su gira mediática incluye la Casa Blanca, donde la presidenta Janie Orlean –Meryl Streep- y su hijo y mano derecha Jason –Jonah Hill- dan preferencia a iniciativas que sirvan para captar votos y no para malgastarlos. En un espacio televisivo de máxima audiencia, Jack Bremmer – Tyler Perry- y Brie Evantee –Cate Blanchet- prefieren hablar de la separación de una artística mediática, Riley Bina –Ariana Grande-, aunque el astrónomo le cae demasiado bien a la presentadora, lo que abre un pequeño resquicio aparte de una cama.

La historia fluye y se desarrolla con la precisión de un metrónomo. Paulatinamente, los gobernantes toman conciencia del peligro y se prepara una nave especial con una misión suicida, al estilo Armageddon o a la iniciativa tomada estos días para ver si un cohete espacial puede variar el rumbo de un cuerpo celeste amenazante. Cuando un veterano de guerra, el coronel Ben Drask –Ron Perlman- está en la cuenta atrás, alguien detiene esa iniciativa.

Se trata de Peter Isherwell –Mark Rylance-, el magnate con voz atiplada de una corporación tecnológica que considera que el cometa posee componentes químicos muy valiosos. Propone bombardearlo con ingenios de su creación para convertirlo en múltiples fragmentos que serán recogidos por sus propios equipos. McKay explica con su presencia como las grandes fortunas pueden modificar decisiones políticas. Se necesita respaldo en las urnas, pero también el que proviene de mecenas aparentemente desinteresados que buscan su particular provecho.

Los seres humanos están divididos, aunque la mayoría piensa que no hay motivos para mirar hacia arriba. Son los últimos días antes de la catástrofe los que se hacen algo cuesta arriba. Especialmente con el forzado idilio entre la descubridora del Dibiasky y un joven pasota llamado Yule –Thimothée Chalamet-. Se entiende que, llegado el final, pocas cosas importen demasiado y cualquiera se pueda echar la manta a la cabeza, pero no se desarrolla a la misma velocidad que el resto.

La diversión y la ironía se aplaca en la parte final, aunque se recupera en dos deliciosas secuencias post créditos. McKay había conseguido hasta entonces mezclar la desfachatez de Los amos de la noticia con la locura brillante de La gran apuesta y las vicisitudes políticas de El vicio del poder. Fiel a su estilo, conserva su hábito de intercalar fragmentos de vida animal para subrayar su propuesta. Le sobran, porque ya no constituyen novedad.

En otros aspectos, el cineasta de Filadelfia resulta más mundano. Parece asentir que lo mejor es que el fin del mundo nos pille haciendo el amor. La ironía y originalidad de la primera hora y media se oculta en parte, pero sigue siendo una propuesta sobresaliente y magnífica opción para Nochebuena, día que se programará en Netflix. Muy bien respaldada por todos los componentes del reparto, aunque quienes destaquen por encima de la media sean Meryl Streep, Cate Blanchet y un soberbio Mark Rylance, que lanza su personaje al estrellato.

From → Cine

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