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Demolition (*)

28 junio 2016

Un alto ejecutivo de Manhattan ve como su vida comienza a destruirse después de un accidente automovilístico a resultas del cual falleció su esposa. Una reclamación a una compañía de vending nos permite conocer los pormenores de la historia y las bases de un futuro muy distinto.

Hay muchas película que cuesta un mundo creerlas. Un alto porcentaje se debe a la historia en sí, mientras que la mayoría de las restantes dejan tantos cabos sueltos que, aunque se comprenda la línea principal, resultan inaceptables. Aparte, hay circunstancias ajenas a la lógica. Llegados a este punto, siempre nos viene a la cabeza la escena final de Las verdes praderas, cuando el protagonista quema su segunda residencia en la sierra madrileña. ¿Si estás harto de algo que posee importante valor material no es mejor venderlo que destruirlo? Algo parecido sucede con David Mitchell –Jake Gyllenhaal-, el eje central de este relato escrito por Bryan Sipe.

El canadiense Jean-Marc Vallée asentó su fama como cineasta de prestigio gracias a Dallas Buyers Club -2013- pero, sobre todo, se labró una bien ganada aureola como director de actores. Matthew McConaughey puede dar testimonio de ello, como Reese Whiterspoon al año siguiente gracias a Alma salvajeWild-. Ahora le toca el turno a Jake Gyllenhaal, sin cuya presencia esta historia sería muy difícil de digerir. Y eso que el actor no encuentra más que trampas en su camino. Su química con Naomi Watts que, desde Lo imposible no parece acertar con un solo papel, resulta inexistente, y solo Chris Cooper da una réplica satisfactoria al angelino.

David Mitchell es un hombre de éxito, pero un accidente de tráfico cuando iba al volante derivó en el fallecimiento de su esposa –Heather Lind-. Desde entonces, su vida va de mal en peor. Comenzando por el hospital. Cuando pretende sacar una chocolatina de una máquina de vending, el paquete se queda atascado. Por ello se aplica en una reclamación a la persona encargada de esos asuntos en la empresa expendedora, una tal  Karen Moreno –Watts-. No escribe sólo una carta, sino varias. Gracias a ellas nos enteramos del pasado y de la situación actual del protagonista, cada vez más distanciado de sus suegros, especialmente de Phil –Cooper-, su mentor en Wall Street.

Aparentemente, David ni siente ni padece. Ni siquiera lamenta la ausencia de su esposa. Por eso llama la atención que un personaje tan frío e indolente la emprenda a golpes con su casa para tirarla abajo. Desde los paredes al microondas e incluso al televisor. Como en la película de José Luis Garci, pero casi a plazos. Todo a su lado se desmorona, y parece lógico. A tenor de su historial, no tanto que lo haga el propio protagonista, para quien las malas noticias nunca vienen solas, como le descubrirá en su momento su suegra. Ni siquiera se acerca más a sus padres –Malachy Cleary y Debra Monk- en el intento de estos para protegerle.

Sucede que tantas cartas y la forma de abrir su corazón hacen que David y Karen lleguen a conocerse y a confiar uno en el otro. Ella vive con un compañero con quien no parece sentirse muy a gusto, y tiene un hijo, Chris –Judah Lewis-, de inclinaciones sexuales inciertas, que se aproxima todavía más al protagonista. El angelito se lo pasa bomba disparando a David previa colocación de un chaleco antibalas. Apenas viene a cuento, y prefiero quedarme con la propuesta de kick-Ass.

La cinta se desmorona a cada paso, casi a la par que el protagonista y su propia casa. Llega un momento es que, si no fuera por la interpretación de su cabecera de reparto, nos importaría muy poco, tanto lo que le sucede a él como a su alrededor. Los peldaños del guion intentan fomentar las sorpresas cuando, en realidad, debería de centrarse mucho más y mejor en sus claves principales. Además, esas propuestas, que intentan impactar, no hacen sino desviar la atención. Más bien, parecen esqueletos de  escaleras de obra, sin recubrir o enfoscar.

Sin duda, un paso atrás en las carreras del director y sus actores, aunque Gyllenhaal salga menos afectado que el resto. Únicamente él, con su solidez interpretativa, nos permite seguir adelante. Cuando deambula entre la multitud,  Vallée lo eleva sobre los demás, pero su mayor mérito es que consiga hacer mínimamente creíble las situaciones y actos más descabellados.

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From → Cine

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