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Churchill (**)

8 septiembre 2017

A tres días vista del desembarco de Normandía, el premier británico Winston Churchill se enfrenta a los responsables del ejército estadounidense proponiendo un plan alternativo. Lejos de hacerle caso, los norteamericanos siguen adelante con su idea, tachando al europeo como  un político trasnochado y utilizándolo para contentar a su población.

Tres días abarca este film centrado en la figura histórica de Winston Churchill durante las horas previas de la Operación Overload que concluyó con el desembarco de Normandía, el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial. Con un presupuesto limitado en relación con el acontecimiento que relata, escrito por el especialista Alex von Tuzelmann, el resultado del conjunto dirigido por el australiano Jonathan Teplitzky ha sido bastante rebatido por el tratamiento dado a su protagonista.

Winston Churchill –Brian Cox- no estaba de acuerdo con la propuesta del alto mando estadounidense, encabezado por los generales Dwight Eisenhower –John Slattery- y Bernard Montgomery –Julian Wadham-. En aquel momento, un millón de hombres esperaban la orden de ataque, pero el Primer Ministro Británico consideraba que sería mucho más lógico un ataque combinado en, al menos, dos frentes. Entendía que si el plan de los norteamericanos fallaba, él sería acusado como responsable de una auténtica masacre.

En oposición a la firmeza de los generales del Nuevo Continente, Churchill esgrimía su experiencia, puesto que recordaba los errores y aciertos cometidos en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, los militares responsables de la operación le calificaban de político trasnochado, que abrazaba unas ideas del pasado. La labor del protagonista, según su parecer, debía de reducirse a una figura más decorativa en el ataque, mientras que debería de mostrar firmeza ante los suyos y utilizar su prestigio para obtener el respaldo general de la población. Incluso, le negaron la posibilidad de ponerse en vanguardia de las tropas durante el desembarco.

Churchill rondaba los setenta años y, según los responsables  del film, parecía un hombre decrépito, convencido de sus ideas, intransigente, que chocheaba evidentemente pero que se mostraba firme defensor de su pueblo. Incluso, ante el mismísimo monarca, Jorge VI –James Purefoy-. Mientras se consideraba ninguneado por los norteamericanos, se mantenía inflexible con sus subalternos más cercanos, como Alan Brooke –Danny Webb-, primer vizconde Alanbrooke, Jefe del Alto Estados Mayor y ascendido a mariscal de campo aquel mismo año de 1944. Únicamente le metía en vereda su esposa Clementine –Miranda Richardson- capaz de ablandar su testarudez. Un rasgo de su personalidad que dio un giro de ciento ochenta grados cuando Helen –Ella Purnell- entró a formar parte de su séquito como secretaria.

El retrato que emana de Winston Churchill según este film ha sido puesta en duda por diferentes historiadores. La personalidad británica más importante del siglo XX queda hipotecada por una definición aparentemente inconsecuente. Aunque el personaje es complejo, dista mucho de  la naturaleza con la que ha pasado a la historia, aparte de gestos tan conocidos como la uve de victoria dibujada con los dedos índice y corazón, así como su sombrero y el sempiterno cigarro puro que le acompañada en cada momento.

Si la radiografía que se hace del doble premio Nobel es muy discutible, tampoco se queda atrás una puesta en escena demasiado convencional, bastante repetitiva y que no suple con talento el escaso presupuesto del conjunto. El capítulo histórico que narra merecía algo más. Como también debieran  haber recibido una mayor recompensa la labor de sus intérpretes principales y la acertada partitura de Lorne Balfe.

Brian Cox completa un trabajo magnífico. Probablemente, el mejor de su carrera. Físicamente da la talla del máximo mandatario que ocupa el eje de esta producción. Se muestra muy consistente y sale airoso con matrícula de la complejidad que propone su papel, aunque el exceso de planos cortos sea un debe para el director, que expone a su protagonista mucho más de lo necesario. Si esta producción hubiera estado a la altura de las circunstancias, habría que contar con él como uno de los candidatos al Oscar, pero la pérdida de fuerza del conjunto infravalora su trabajo. Lo mismo podría decirse de una Miranda Richardson, segura y coherente a lo largo de todas sus intervenciones.

From → Cine

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