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Molly’s Game (***1/2)

5 enero 2018

Molly’s Game: Juego de riesgo

Molly Bllom estuvo a punto de representar a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Salt Lake City, pero una lesión le apartó de las pistas de nieve. Poco tiempo después dirigió las partidas de póker más exclusivas en Los Ángeles y Nueva York. Detenida por el FBI, en colaboración con su abogado, se aplicó en lavar su nombre.

El caso de Molly Bloom es el de una gran atleta cuya carrera deportiva se vio truncada por la desgracia- De niña –Samantha Isle-, una lesión le obligó a pasar por el quirófano durante siete horas para que restañaran una escoliosis que suponía una desviación de 65 grados en su columna vertebral. Nunca debería volver a esquiar y aun así, con veinte años, disputaba la posibilidad de formar parte del equipo olímpico de freestyle  cuando una nueva caída la retiró definitivamente.

Brillante también en los estudios, se trasladó a Los Ángeles sin ayuda familiar ya que su estricto padre –Kevin Costner- decidió no apoyarla económicamente debido a los desencuentros habituales entre ambos. Gracias a su empelo de camarera conoció a Dean Keith –Jeremy Strong-, quien la contrató como secretaria y la introdujo en el mundo de las partidas clandestinas de póker. Meses después, Molly organizaba las mesas más exclusivas en Los Ángeles antes de desplazarse a Nueva York. Detenida por el FBI, su mayor empeño fue lavar su nombre y sus andanzas las recogió en un volumen autobiográfico.

Su historia es todavía más apasionante en esta adaptación cinematográfica gracias, principalmente, a un guion sólido que se ha convertido en una buena película. Dirigida por un novato en estas lides, Aaron Sorkin, no hay que olvidar que este nombre va unido a varios títulos relevantes en los últimos años. Ganó el Oscar por su libreto de La red social y fue nominado por Moneyball, aparte de ganar el Globo de Oro gracias a otro biopic, Steve Jobbs. También ha triunfado en el mundo de la televisión y cuenta en su haber con dos obras de teatro, incluida Algunos hombres buenos. Su estilo es directo, a veces cortante, muy picado y en ocasiones demasiado cargado, sin conceder apenas respiro al espectador. Esas constantes reaparecen en Molly’s Game y se pueden aplicar también a su estilo como cineasta. En sus 141 minutos puede decirse que no hay errores significativos.

El otro referente del film es la magnífica actuación de Jessica Chastain. Está brillante, contundente y elevándose al olimpo de las actrices actuales con más talento. Después de El caso Sloane con la que también aspiró al Globo de Oro, repite en un papel de mujer segura de sí misa, triunfadora y que se enfrenta a las adversidades. Alguien que prefiere perder su status y arruinarse antes que ver mancillado su nombre. Cuando el fiscal le propone un trato para librarse de los cargos, ella decide no dar los nombres de todos aquellos que participaron en sus partidas clandestinas, entre los que se incluían actores de Hollywood, director, atletas, empresarios, políticos y miembros de la mafia rusa e italiana.

Cuando Dean Keith prescindió de sus servicios, gracias a su agenda de teléfonos, a X -Michael Cera-, jugador y actor cuyo verdadero nombre tampoco quiso desvelar, a sus contactos, y a su visión del negocio, estableció partidas por su cuenta y elevó los precios hasta que decidió mantener intactos sus principios y la dejaron de lado. Decidida a continuar con el negocio se estableció en Nueva York donde las cantidades en la mesa eran todavía mucho mayores. Como quiera que ella cubría las deudas, aceptó la propuesta de una de sus croupiers para quedarse con un pequeño porcentaje de las apuestas. Lo que hasta entonces era una operación legal, transgredía dos leyes federales. El siguiente paso fueron las drogas para permanecer en vigilia.

Cuando uno de sus clientes, Brad –Brian d’Arcy James- se fue de la lengua, el FBI se presentó en su domicilio incautando su dinero y sus posesiones a pesar de que hacía varios meses que había regresado de la ilegalidad. Tampoco sabía que Douglas Downey –Chris O’Dowd- había introducido en sus mesas a la mafia rusa. Después de ser rechazada por cinco abogados recurrió a Charley Jaffey –Idris Elba-, quien decidió defenderla en la Corte presidida por el juez  Foxman –Graham Greene-.

La cinta discurre con flashbacks y saltos hacia adelante y hacia atrás, con profusión de voz en off, casi como si nos leyeran el libro autobiográfico de Molly Bllom. Sin embargo, no cansa y el conjunto constituye un todo agradable y compacto con formato de thriller. Por poner pegas, desconocemos la inclinación sexual de la protagonista y si alguna vez tuvo alguna aventura amorosa. Se echa en falta ese detalle en una biografía. Tampoco somos muy partidarios del vestuario. Molly viste más como una cabaretera que como una empresaria elegante. Recuerda en la distancia a la Julia Roberts de Erin Brokovich. Esta última consiguió el Oscar, y Jessica Chastain es una formidable candidata en una ópera prima solvente y esperanzadora de un magnífico guionista llamado Aaron Sorkin.

From → Cine

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