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Un mar de enredos (Overboard) (*)

24 julio 2018

Matrimonio por amnesia

El hijo de un hombre acaudalado, que solo piensa en fiestas y mujeres, aparece en una playa después de haber perdido la memoria a causa de un golpe. Una mujer que trabajaba en su yate, a quien despidió sin recompensa, se hace pasar por su esposa. Es la oportunidad que se le brinda para vengarse.

El título en inglés de este film, Overboard, coincide con otro protagonizado por Goldie Hawn y Kut Russell en 1987 porque se trata de un remake. Un mar de líos, se tituló en España y Hombre nuevo, vida nueva en algunos países de Sudamérica. Ahora se ha buscado un nombre similar en España mientras que en México se conoce por ¡Hombre al agua! y en otras latitudes por Hombre a la deriva. En ambos casos, la historia se centra en un personaje multimillonario que despide sin remunerar a un trabajador. Cuando aquel pierde la memoria, el segundo se hace pasar por su cónyuge para vengarse. El lógico idilio posterior transforma la historia en una comedia romántica que alterna el oropel con el día a día de la clase trabajadora.

Si en el original, escrito por una mujer, el personaje acaudalado era el que interpretaba Goldie Hawn, ahora se cambian los papeles. El mexicano Eugenio Debrez es quien se lleva la parte del león en un nuevo intento de asentarse en el mercado estadounidense desde que protagonizase No se aceptan devoluciones. En esta entrega, dirigida por Rob Greenberg después de su exitoso paso por la pequeña pantalla, el de Milpa Alta interpreta a Leonardo Montenegro, un personaje característico en aquellos largometrajes en los que ejerce como máxima figura: mujeriego y con fluctuaciones económicas.

Suele aparecer inicialmente rodeado de mujeres en bañador. Ya sea porque regenta un chiringuito veraniego, porque es un gigolo o, como en este caso, porque es el primogénito de la tercera fortuna del mundo, suponemos que en un claro guiño a su compatriota Carlos Slim. Lo encontramos en un yate, dedicado a la dolce vita, y despidiendo sin pagarle un céntimo a una empleada, Kate -Ana Faris-, quien se pasa durante todo el metraje remedando a Goldie Hawn en cuanto al físico se refiere, porque no encontramos paralelismo en otros aspectos, como aquel voluptuoso vestido rojo que lucía la de Washington.

La presencia de las familias es la diferencia sustancial respecto a la entrega dirigida por Garry Marshall, cuyo talento cinematográfico es superior al de Greenberg, como demostró en Pretty Woman y en otros ejemplos del mismo género. El argumento nos muestra los allegados de Leonardo, en México, donde encontramos a su padre moribundo y a sus dos hermanas. Sofía –Mariana Treviño- y Magdalena –Cecilia Suárez-. Mientras aquella es consecuente, la mayor pretende quedarse con los negocios paternos y se muestra extremadamente fría y ambiciosa. Es un terreno abonado para el culebrón y la película se acerca bastante a una clásica telenovela, parodiando con cierta gracia algunos de sus estereotipos.

En suelo estadounidense vive Kate, madre viuda, con tres hijas, que estudia enfermería, tiene dos trabajos y posee una madre de difícil trato -Swoozie Kurtz-. Cuando se entera de que Leonardo ha dado con sus huesos en una playa de Oregón sin recordar absolutamente nada, se presenta en el centro médico acompañado de su buena amiga Theresa –Eva Longoria-, que cuenta con el beneplácito de su marido –Mel Rodríguez- para reafirmarse en que es la esposa del amnésico. En castigo por el trato recibido por parte del hijo del multimillonario, le hace pasar por diversos oficios relacionados con la construcción y lo convierte en un  marido solícito y trabajador.

La acción sigue contemplando dos escenarios. En Estados Unidos vemos a un hombre que no sabe hace nada pero que ha de adaptarse a su vida de padre de familia y honrado trabajador. En México, Magda ha convencido a su padre de que Leonardo fue atacado por un tiburón, e incluso le lleva sus hipotéticas cenizas. La desaparición del varón los agradece la tripulación del yate, a cuyos componentes el protagonista trataba con despotismo. Al frente de ellos, y para hacer la película más internacional, figura Colin –John Hannah- a quien se le hace proceder de Holanda.

En plena era de Internet, el primogénito de la tercera mayor fortuna del mundo no puede desaparecer para unos y seguir vivo para otros. La producción en sí naufraga y necesitaría un golpe en la cabeza para que olvidase todo y comenzase de nuevo. Y en esa regeneración se incluye a la pareja protagonista, cuya química no provoca ninguna reacción. Ni se atraen ni se repelen; simplemente, son neutros. Puede haber lugar para alguna sonrisa pero, en general, el contenido es perfectamente olvidable, aunque Debrez siga escalando peldaños. Que se dé prisa. Con 56 años ya tenía que estar en la cima, o muy próximo a ella, y todavía no se ha estrenado en muchos países su trabajo anterior, How to Be a Latin Lover, con Salma Hayek, Raquel Welch y Rob Lowe, entre otros.

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