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Ötzi: El hombre de hielo (Der Mann aus dem Eis) (**1/2)

28 enero 2019

Venganza en Los Alpes

Hace más de cinco milenios existía en Los Alpes un clan cuyo líder era el guardián del santuario sagrado. Cuando este hombre abandona temporalmente a los suyos para ir a cazar, el asentamiento es saqueado y todos sus y habitantes asesinados con excepción de un bebé de pocos días.

El deshielo, el calentamiento global, o lo que sea, dejó al descubierto en 1991 una momia liofilizada y perfectamente conservada de un hombre. El hallazgo fue obra de dos alpinistas alemanes en Los Alpes de Ötzal, por lo que se le dio el nombre de Ötzi, Hombre de Similaun y Hombre de Hauslabjoch, que se corresponden con uno de los picos montañosos y la región donde tuvo lugar el encuentro. En principio, se pensó que era el cadáver de un alpinista extraviado, pero tras las pruebas pertinentes se llegó a la conclusión de que aquel ser humano había vivido en aquellos parajes hace hacia el año 3.255 antes de Cristo.

Los científicos suponen que su muerte se produjo como consecuencia de un ajuste de cuentas, y únicamente con esos datos el cineasta alemán Felix Randau elaboró una historia que muy bien pudiera tener visos de realidad. Con escasos diálogos y en un idioma incomprensible, aunque tampoco se necesite más, la propuesta es un western al uso en plenas cumbres alpinas. Una venganza, como suelen mostrar las producciones de este género tan estadounidense y tan cinematográfico. Para ello, tenemos que imaginarnos un poblado neolítico de hace más de cinco milenios.

Kelab -Jürgen Vogel- es el cabeza visible del asentamiento, situado al margen de un cauce fluvial. También es quien protege una pequeña reliquia, un santuario sagrado conocido como Tineka. La vida en común es tal y como cabía esperar. Se nos muestran las cabras y los cerdos que, junto a la pesca y la caza, constituyen los nutrientes principales. También las relaciones sexuales desinhibidas, el telar en el que trabajan las mujeres, un nacimiento, así como el lugar destinado a los enterramientos y las ceremonias que ellos conllevan.

Un día que Kelab sale de caza, tres hombres aparecen en el poblado y matan a todos sus moradores, si bien la esposa y el hijo mayor del protagonista logran conservar con vida a un recién nacido, que será recogido por el cabeza de familia antes de salir en busca de los asesinos para cumplir su venganza. En el camino libera a un joven de dos hombres que podrían ser ladrones o comerciantes, se encuentra más arriba a una pareja sin hijos, probablemente por la diferencia de edad, y a ellos les encomienda el bebé. Finalmente, da con los hombres que buscaba, quienes moran en su asentamiento junto a una mujer y dos niños.

La película no es compleja. El modo de vida de sus protagonistas es tan elemental como la historia, pero Felix Randau se encarga de que el envoltorio sea muy superior hasta conseguir una producción que te mantiene atento. Encuentra un apoyo fundamental en el montaje. Vessela Mastschewski ha efectuado un trabajo impecable en la edición, mostrándonos cada paso, deteniéndose lo necesario en los detalles. En ningún momento, la puesta en escena busca ser pretenciosa o ir más allá de lo que el guion establece.

Todo en el filme es tan simple como directo. Lo escueto figura en cada uno de los apartados de la producción; desde el núcleo familiar a la propia cosmogonía de ella; o las armas, en las que comienzan a aparecer las flechas y las hachas características del Neolítico; incluido también el propio asentamiento. Todo en este título es concreto y hasta parece espontáneo. Los encuentros de seres humanos están perfectamente dosificados, así como el hecho de que el pequeño hijo de Kelab pueda amamantarse con la leche de una cabra.

Huyendo de las complicaciones, se muestra la violencia presumible de la época, como ya la habíamos sentido en producciones como En busca del fuego. Aunque todo se nos antoje corto, casi esquemático, la propuesta funciona aun sin diálogos comprensibles. El hilo argumental no tiene dobleces y, como el conjunto, mantiene la linealidad sin buscar complicaciones. Un buen ejercicio de su responsable a la hora de crear todo un mundo en el que, presumiblemente, se movían nuestros antepasados.

From → Cine

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