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Lo dejo cuando quiera (**1/2)

12 abril 2019

Una banda sobradamente preparada

Tres profesores universitarios a los que la crisis ha dejado en paro descubren que unas pastillas diseñadas por uno de ellos que producen un estado de euforia sin que muestre efectos secundarios. Dispuestos a comercializarlas se lanzarán a los negocios sucios en un ambiente que les supera.

Sería lo ideal. Encontrar un producto que llevase al éxtasis sin que dejase efectos secundarios. No se podría considerar como droga. Tal vez sí, viendo que quienes lo han probado lo persiguen desaforadamente. El nuevo trabajo cinematográfico de Carlos Therón supera los precedentes. A partir de un guion de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor ha construido una comedia con situaciones en las que el humor sale airoso. Aunque por momentos parece precipitarse al vacío consigue mantenerse a flote a pesar de un arranque poco prometedor y de un final cogido por alfileres.

Pedro -David Verdaguer-, Arturo -Ernesto Sevilla y Eligio -Carlos Santos- son tres profesores en paro. Diez años antes obviaban las fiestas y se concentraban el estudio para superar sus respectivas carreras. Por entonces, el presidente Zapatero pintaba un futuro halagüeño, manifestando públicamente que España figuraba por derecho propio en la Champions League de la prosperidad económica.

En época actual, a consecuencia de la crisis, el filólogo Carlos vive con sus padres -Gracia Olayo y Luis Varela- eternizándose a la hora de escribir sus tesis. Arturo tampoco puede presumir. Licenciado en matemáticas, da clase a su única alumna, Jota -Mero-, una muchacha que solo piensa en divertirse. Por su parte, Pedro trabaja como adjunto de un catedrático explotador -Pedro Casablanc- y su esposa Gloria -Amia Salamanca-, visto que no sale de su zona de confort, está a la espera de que firme los papeles del divorcio.

Este último, brillante químico, está a la espera de que la Universidad le proporcione los fondos necesarios para sufragar su investigación, una pastilla que, sin efectos secundarios, eleve el ánimo muy por encima de lo esperado. Tras ser despedido por enfrentarse a su jefe, Arturo decide probarla, aunque ni siquiera se encuentren en fase experimental. Obliga a sus dos amigos a seguir su ejemplo y el resultado es una euforia total. La salida a sus problemas puede estar en esas píldoras, por lo que deciden arriesgarse en el mundo de la noche.

Nunca han estado de juerga y desconocen los pasos a seguir, por lo que son robados por una banda latina. Enterada Anabel -Miren Ibarguren-, una abogada que trabaja en la gasolinera de un tío de Carlos, una vez que ha sido obligado por sus padres a trabajar, quiere formar parte del negocio. También Jota, que les introduce en un ambiente próspero después de presentarles a Tacho -Ernesto Alterio-, el mafioso de turno, que regenta una discoteca de moda.

El camino se presenta próspero y esa banda inepta, aunque conformada por tipos sobradamente preparados, lleva camino de conseguir sus respectivos objetivos. El nerviosismo aparece cuando Arturo le tira los tejos a Isa -Cristina Castaño-, la madre de Jota, sin saber que es inspectora de policía. Precisamente es ella quien lleva la investigación acerca de una nueva droga que se distribuye en la noche comercializada por desconocidos, lo que dificulta su labor.

La presentación de los personajes remite a situaciones ya mostradas en el celuloide. En síntesis, el argumento tampoco muestra excesivas novedades. Es la forma de contarlo lo que de verdad engancha. Secuencia por secuencia, nada parece sorprender, pero sin embargo el conjunto es una maquinaria bien engrasada gracias al ritmo conseguido por Therón. Al mismo tiempo, el cineasta persigue alejarse de los convencionalismos y su propuesta es burbujeante, como ese cava que chisporrotea y parece salir se de la copa, aunque sabemos que terminará reduciéndose de forma ostensible.

La narración oculta que los personajes están tratados de forma bastante superficial. El mérito es que la cámara se fija en las situaciones y a la propuesta no le interesa profundizar en nada más. El resultado es una sonrisa casi constante durante poco más de hora y media, lo que se agradece sobremanera. La parte final, que se adivina conforme se va acercando, es el fragmento más descosido. Sin embargo, vuelve a exhibir el mismo mérito. Apenas permite al espectador fijarse en sus aspectos más incongruentes por lo que, de alguna manera, mantiene el tipo durante toda la proyección.

From → Cine

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