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Tolkien (**)

16 junio 2019

La creación de El Hobbit

Biopic sobre el autor de la saga de El señor de los anillos, que recoge momentos desde su infancia hasta el inicio de El Hobbit, la novela que le dio popularidad en todo el mundo y permitió el resurgimiento de la literatura fantástica. El hilo conductor es su participación en la I Guerra Mundial.

Hablamos de John Ronald Reuel Tolkien, más conocido por JRR Tolkien. El Hobbit  y la trilogía de El señor de los anillos resultan su mejor carta de presentación y, precisamente, constituyen una de las grandes rémoras de este filme desde el momento en que se intentan exponer las influencias recibidas por el autor y, especialmente, la transposición del mundo real al universo de fantasía surgido en su imaginación. La sombra de Peter Jackson y su adaptación cinematográfica es muy alargada y tiene demasiado peso.

La acción nos sitúa durante la Primera Guerra Mundial, concretamente en Somme, escenario de uno de los enfrentamientos más sangrientos de la contienda. Tolkien –Nicholas Hoult-, un oficial del ejército británico, acompañado por su asistente, Sam –Craig Roberts-, busca desesperadamente a Geoffrey.  En las trincheras, entre lanzallamas, bayonetas y ráfagas de disparos, verá dragones y seres oscuros. Ese campo de batalla, tierra de nadie, es un páramo en el que se amontonan los cadáveres y las pocas zonas acuíferas se ven teñidas de rojo.

Volveremos al conflicto bélico, no en vano es el hilo conductor, con imágenes poderosas, e incluso tenebrosas, pero cuyo paralelismo con las creaciones literarias de Tolkien no parecen asimilables. Mucho menos tras haber visto el derroche alegórico de Jackson. Llegados a este punto tendremos dos opciones que nos obligan a elegir otros tantos caminos muy diferentes. Si obviamos la obra del autor británico, aunque nacido geográficamente en Sudáfrica, y ciertos vaivenes de su biografía, encontraremos que el trabajo cinematográfico del finés Dome Karukoski resulta bastante eficaz. Si optamos por las comparaciones, esta propuesta sale mucho menos airosa.

Cuando era poco menos que un niño, el futuro literato juega con espadas contra otros chiquillos de su edad. Tanto él como su hermano menor, Hilary –James McCallum- empiezan a familiarizarse con los mitos gracias a su madre, Mabel Suffield –Genevieve O’Reilly-, quien les narra historias legendarias de caballeros, dragones y otros seres fantásticos. A Hilary se le olvida pronto y, tras la muerte de su madre, los dos huérfanos pasan a depender del padre Francis Morgan –Colm Meany-.

Después de un inicio difícil en el centro escolar, Ronald Tolkien entabla amistad con otros compañeros, y esa cercanía perdurará hasta su ingreso en Oxford. Se trata de Geoffrey Bache Smith –Adam Bregman-, Christopher Wiseman –Ty Tennant- y Robert Gilson –Albie Marber-. Juntos conformaron un grupo de debate de actividades artísticas llamado TCBS, o Tea Club, Barrovian Society. El nombre se deriva de Barrows, su lugar de encuentro después de la escuela. Cuando Inglaterra entró en guerra fueron alistados de manera simultánea. Años más tarde, Tolkien escribiría: En 1918, todos menos uno de mis amigos cercanos habían muerto.

A su regreso del frente se reencuentra con Edith –Lily Collins-, su gran amor desde su juventud, y de la que tuvo que apartarse por orden de su tutor. Hasta que alcanzase la mayoría de edad no podría disponer de sus sentimientos. Con ella se casaría posteriormente y fue la musa de buena parte de su obra. Hay una conversación entre ambos de alto valor literario que Karukoski ha sabido diluir para que no se resulte farragoso de cara al espectador. Bien es sabido que las discusiones filológicas no mezclan bien con el séptimo arte.

El romance funciona, y proporciona ciertas pistas sobre la elucubración del escritor. Especialmente, cuando ella le introduce en la épica del ciclo del anillo wagneriano. Es loable el intento de salpicar la biografía con situaciones claves para el desarrollo posterior de la obra del protagonista, aunque ejerce como arma de doble filo. Los muy fans de Tolkien solo encontrarán pinceladas que les sabrán a poco. Quienes se sitúen en el extremo opuesto  no atarán los cabos suficientes, e incluso algunas de estas aportaciones les parecerán superfluas.

Con una envoltura muy atractiva e interpretaciones correctas, nadie puede salir defraudado de esta película si se deja en el vestíbulo ciertos prejuicios. A cambio, tampoco ovacionarán la proyección a su término. Es una de esas producciones con más nombre (causa) que resultado (efecto). El biopic nos acerca al personaje, pero deja muchos interrogantes. Entre ellos, el significado y en la influencia que el catolicismo y la comunión tuvieron a lo largo de su vida.

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