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Al agua gambas (Les crevettes pailletées) (**)

19 julio 2019

Castigo a la homofobia

Un subcampeón mundial de natación francés es castigado por efectuar un comentario homófobo hacia el entrevistador en un directo televisivo. Para redimirse y que pueda competir en los siguientes campeonatos debe preparar a un equipo de waterpolo que participará en los Gay Games a disputar en Croacia.

Los Gay Games se disputan cada cuatro años desde que los fundara el decatleta olímpico estadounidense Tom Waddell en 1980. París acogió los de 2018 y Hong Kong será la anfitriona en 2022, cuando se espera superar la cifra de 13.00 participantes que se dieron cita en Ámsterdam durante 1988. Incluyen más de una treintena de disciplinas e incluso se habla de unos Juegos LGTB para los que Buenos Aires ha presentado su candidatura con vistas a 2020.

Con aquella competición como fondo, Maxime Govare se ha unido al debutante Cédric LeGallo para orquestar una comedia centrada en la diversidad y en la superación deportiva. Los personajes están estereotipados y la exageración cinematográfica resulta palpable en aras de construir un producto refrescante que se pueda ver sin agobios y moleste lo más mínimo. Aun así, el conjunto parece destinado principalmente a la comunidad homosexual.

Tenemos una historia basada en un hecho real, el equipo que parece surgido para perder, el preparador ajeno que necesita reivindicarse, su hija que toma partido decisivamente, una tragedia y una competición a escala mundial. Podríamos estás hablando de Campeones, la cinta de Javier Fesser, aunque ahora toque referirse a una producción francesa que mantiene parámetros semejantes y cuyo deporte de referencia es el waterpolo

Matthias Le Goff -Nicholas Gob- es el actual subcampeón del mundo de natación, pero su concurso en los próximos campeonatos, que serían los últimos al rebasar la treintena, se ve muy comprometido debido a un comentario homófobo que contra el comunicador que le entrevistaba en directo para la televisión. La federación le ha condenado a trabajar para el colectivo LGTBI como condición para ser admitido en el equipo nacional. De esta forma se encuentra como técnico de un equipo de waterpolo llamado Gambas Purpurinas.

Ni qué decir tiene que se trata de un grupo cuyas posibilidades son prácticamente nulas. Su entrenamiento es más animoso que eficiente y la única regla que parece existir es que el sexo ha de quedar al margen entre ellos. Si la propuesta peca de exagerada desde el principio hasta el final, el guion se permite todo tipo de licencias, ya que Matthias parece que ha sido entrenador de waterpolo toda su vida y dos de sus componentes, Jean -Alban Lenoir- y Alex -David Baiot- han sido pareja, aunque el primero rompió su romance después de que le diagnosticaran cáncer de huesos. Afirma que está curado, pero el entrenador le sorprende con productos opiáceos para combatir el dolor.

Será la hija del protagonista quien les acerque a sus pupilos. Desde su divorcio apenas muestra interés por su padre, siempre pendiente de establecer las marcas mínimas para el próximo Mundial. Ahora encuentra un aliciente extra. Se recurre a más estereotipos cuando Las Gambas deben de enfrentarse a un equipo formado por lesbianas que también quieren representar a Francia en los Games Gay. Se llaman a sí misma camioneras y caen derrotadas, como no podía ser menos, en los últimos compases del partido. Toca viajar, pero los responsables del filme no ubican el evento deportivo en ninguna de las ciudades sede que forman parte de la historia. La cita es en Croacia.

El desplazamiento, en un autobús turístico, obliga a eludir las autovías por lo que recorrido se hace más largo. Una buena disculpa para conocer mejor a los componentes del equipo o, por lo menos, algunos de ellos. Cédric -Michaël Abiteboul- está casado y tiene dos hijos, aunque no duda en mentir a su marido para participar en los Juegos. Joël -Roland Menou- comienza a sentirse pasado en años, Damien -Romain Lancry- es el más loco del eqquipo, Xavier -Geoffrey Couët- ha descubierto recientemente su homosexualidad y es el más joven de todos, mientras que Fred -Romain Brau- es un transexual que insiste en que más vale llegar tarde y guapa que a tiempo y fea.

Los Gay Games se ven a sí mismos como un evento deportivo y cultural sin discriminación de sexos, religión, edad o procedencia étnica. Sin embargo, una vez nos situamos en Croacia solo parecen existir homosexuales masculinos, por lo que ya existe una discriminación palpable. Se muestran orgías, fiestas y disfraces, pero no hay ningún asomo de efervescencia cultural en una cita que suele albergar competiciones de coros, exposiciones o representaciones teatrales y de cabaré.

Al fin y al cabo, da lo mismo. Todo se sublima en aras de una comedia que intenta ser lo más limpia posible con el loable cometido de contentar a cuanto más público mejor. Habrá quien piense, como uno de los personajes, que no se tiene respeto por nada. Lógicamente, para disfrutar de este tipo de propuestas hay que tener la mente abierta y estar preparado para el entretenimiento.

From → Cine

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