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Los consejos de Alice (Alice et le maire) (**1/2)

16 enero 2020

La política y la estupidez estúpida

El alcalde de Lyon, un firme baluarte de su partido, se ha quedado sin ideas después de treinta años en política. Su esperanza la deposita en una recién contratada en la alcaldía, una muchacha joven, experta en filosofía, que debe de abastecerle de las iniciativas que el regidor no encuentra.

El séptimo arte vuelve a indagar en la política, y lo hace teniendo como referencia a un experto alcalde, que lleva treinta años como miembro activo del Partido Socialista y que emerge como un valor al alza para que recupere un partido maltrecho en los últimos años. Junto a él, su mano derecha, su confidente, la persona que debe de ejercer como su alter ego a la hora de encontrar soluciones. Nos encontramos en Lyon, ciudad que está a punto de cumplir sus 2500 años de historia y para la que se planifica un ambicioso proyecto que tienda a hermanas lo clásico con lo actual.

Nicolas Parisier vuelve a adentrarse en los entresijos de la política en su tercer filme, al igual que había hecho en los anteriores. Preocupado por la situación de la izquierda en Francia, apunta soluciones de la mano de sus protagonistas. Para que su propuesta se desmarque de otras similares vistas con anterioridad entrega los ejes de su argumento a dos personas solitarias. El alcalde Paul Théraneau -Fabrice Luchini- está divorciado y no parece tener amigos o personas en quien confiar más allá del respeto sumiso de sus colaboradores más íntimos, encabezados por su jefa de gabinete, Isabelle Leinsdorf -Léonie Simaga-.

Encuentra una válvula de escape en Alice Heimann -Anaïs Demoustier-, una joven que ha dejado de dar clase en Oxford por incorporarse al equipo de la alcaldía para llevarse la sorpresa de que su puesto ha sido eliminado. A cambio, se ha creado otro específicamente para ella. Debe proveer de ideas al alcalde y mantenerse en la sombra. También es un alma retraída para con los demás. A su mejor amigo, Gauthier -Alexandre Steiger- hace años que no le ve y ahora está casado con Delphine -Maud Wyler-, que necesita tratamiento psiquiátrico. Ocasionalmente, encuentra lugar para una aventura, como en el caso de Daniel -Antoine Reinartz-.

El detalle que forma parte de la personalidad de los dos caracteres personales no es la única referencia selectiva. El autor lleva a cabo toda una declaración de intenciones y pone en boca del alcalde o de su brazo derecho las líneas argumentales que, según él, harían un mundo mejor y lograrían reunificar a la izquierda gala para devolverle al primer puesto en las encuestas. Ese aspecto desemboca en una primera parte con demasiado diálogo, con muchas ideas y escasos momentos de respiro. Todo está tan recargado como los salones de la alcaldía por los que pasa Alice hasta llegar a su despacho. Inmensos, decorados con frescos y objetos de valor incalculable.

Después del mitin, que en la cámara de Parisier tiene un recorrido desigual, se llega a momentos más pausados antes de la vorágine definitiva. Es entonces cuando el responsable de esta producción da una de cal y otra de arena, especialmente cuando pone en boca de su protagonista femenina una sentencia concluyente: Creo que la política me está volviendo estúpida. Mientras sigue adelante en su idea de recomponer el Partido Socialista, puede establecerse una metáfora con las palabras de Gauthier después de que se confirme que su esposa debe ser internada de nuevo. No sé si la verdad le vuelve loca o es su locura la que le lleva a la verdad.

La película se centra fundamentalmente en los dos principales papales. Todo gira sobre ellos y existe una especie de vasos comunicantes entre sus quehaceres y su actuación política. En este segundo caso se ofrece todo masticado, con tanta celeridad como absolutamente cuajado. No sucede lo mismo con los personajes, que muestran líneas difuminadas y que, en ocasiones, no parecen justificar sus puestos a o sus acciones con determinados actos. El alcalde sigue teniendo ideas, aunque no sean tan abundantes como años atrás, mientras que Alice sube demasiado rápido en el organigrama del ayuntamiento.

De la misma forma, hay roles a los que se recurre para apuntalar la historia y se dejan prácticamente en el vacío o se les concede algún conocimiento por encima de sus posibilidades, como sucede con Melinda -Nora Hamzawi-, la amiga de la consejera del regidor. En todo caso, como colofón, Parisier intenta reaccionar para reforzar las tesis de los desencantados de la política. Incluso llega a admitir en su diálogo que la gente de la calle ya no confía en ella. De esta manera completa una visión que puede contentar a cualquier segmento del espectro político. Demasiado elocuente en ocasiones, su dialéctica está por encima del conjunto.

From → Cine

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