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Mi gran pequeña granja (The Biggest Little Farm) (****)

27 enero 2020

Cuestión de equilibrio

El matrimonio Chester, formado por un director de documentales y una bloguera especializada en cocina orgánica, tomaron la decisión de abandonar sus respectivos trabajos para encargarse de una granja al norte de Los Ángeles. Siete años después, sus esfuerzos se vieron recompensados.

Fue el propio John Chester, un documentalista, quien dirigió esta propuesta centrada en sus propias vivencias. La decisión de abandonarlo todo para encargarse de una granja, a la que llamaron Apricot Lane, la tomó junto con su esposa Molly para no tener que desprender de su perro Todd, adoptado recientemente. El can no paraba de ladrar cuando ellos no estaban en casa, lo que molestaba en exceso a sus vecinos. Por esta razón les conminaron a dejar el edificio o a desprenderse de su mascota.

Decididos, y sin tener mucha idea de lo que significaba atender Apricot Lane, con la aportación de algunos inversores, adquirieron un terreno en Moorpark, sito en condado californiano de Ventura, a una hora al norte de Los Ángeles y se pusieron manos a la obra. John dejó sus quehaceres profesionales y Molly desatendió su blog de cocina orgánica. Gracias a Internet encontraron ayuda, aparte de en los vecinos, en diversos voluntarios y en una figura capital de cara al futuro, un experto llamado Alan York que les dio los primeros consejos. Además, siempre se mostraba disponible para ayudarles en cuanto se requería su presencia hasta que un cáncer agresivo puso fin a su vida.

La acción se extiende a lo largo de siete años, el período que había vaticinado Alan, quien había previsto los desagües de la zona, para que la granja estableciese la necesaria velocidad de crucero. Hasta entonces, diversos sinsabores alteraron la pacífica existencia de los Chester. Los coyotes ponían cerco a sus aves de corral, su cerda procreadora, Emma, entró en coma a causa de una mastitis, los caracoles devoraban las hojas de sus plantaciones, los topos levantaban el terreno, los pájaros picaban los frutos hasta que se pudrían… A todo ello había que añadir una pertinaz sequía, la mayor que se recordaba por los alrededores, y que terminó por hacer estériles sus pozos y lagunas.

Paulatinamente fueron encontrando soluciones. En ningún momento desearon aplicar insecticidas o remedios no naturales hasta que comprendieron que la naturaleza es sabía y cada plaga puede ser combatida por otra, de forma que tiende a encontrar el equilibrio. Como bien les había advertido Alan York a los siete años ya gozarían de la pretendida velocidad de crucero y tanto, los huevos, las aves, los cerdos y las frutas eran fieles a sus citas de reproducción que terminarían en el canal de venta.

El largometraje es una fuente de inspiración para cualquier emprendedor. Un soplo de aire fresco que demuestra como son el trabajo, los sacrificios pertinentes, y la ayuda de expertos, se puede sacar adelante cualquier iniciativa. En ese aspecto resulta gratificante y esperanzador. Juega con el viento a favor de unos animales domésticos auténticamente encantadores. Desde Todd hasta Emma, pasando por el gallo Greaisy.

Técnicamente, el documental es bastante completo. Con una buena fotografía de Kyle Romanek, la evolución de la granja se ilustra con flashbacks, como la boda de los Chester, amenizada por Matthew Pilachowki, y se apoya en pasajes de animación. Se trata de unos dibujos caseros hechos a mano que ilustran de manera fehaciente una iniciativa que desembocó en la plantación de más de diez mil árboles frutales y por encima de doscientos cultivos diferentes, sin olvidar la producción de huevos, de aves y de otros animales, tanto vacunos como porcinos y ovinos.

Se hace buen uso de diferentes lentes, incluida la macro. Eso permite recrearnos en aspectos tan diversos como la agitación de las alas de los colibríes o la evolución de los coccinellidae, los insectos coleópteros más conocidos popularmente por el nombre de mariquitas. Observamos partos y como se alimentan los recién nacidos. No se ocultan detalles, aunque se hace hincapié en las vicisitudes, incluido uno de los devastadores incendios que asolaron la zona en 2018. Todo se da por bueno hasta desembocar en un atractivo vergel en el que trabajan a destajo varias personas y que representa la culminación de un sueño hecho realidad.

From → Cine

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