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¿Dónde estás, Bernadette? (Where’d You Go, Bernadette) (**)

10 julio 2020

Perdida en la Antártida

Una arquitecta de Seattle lleva una vida acomodada, con un marido inteligente y una hija brillante. Sin embargo, algo falla en su vida y cuando desaparece sin dejar rastro su familia se dispone a buscarla hasta que descubren que tienen a la Antártida como destino.

Lo tiene casi toda esta mujer. Es una arquitecta de prestigio, está casada con un ingeniero de Microsoft y ambos son padres de una hija brillante llamada Bee -Emma Nelson-. No obstante, un buen día decide largarse sin dar ningún tipo de explicaciones después de demostrarnos que padece algo parecido a la agorafobia y que no aguanta a las otras madres ni a los compañeros de estudios de Bee. La cuestión es que desaparece sin dejar rastro enfundada en sus enormes y exclusivas gafas de sol y con su carácter agrio a cuestas.

La novela homónima escrita por Maria Semple concede protagonismo a la muchacha, pero su adaptación cinematográfica, que comienza con una voz en off de la adolescente, deriva muy pronto hacia su madre, Bernadette Fox -Cate Blanchett-. Probablemente, a causa de una decisión tomada inicialmente por los guionistas y refrendada por la personalidad de la primera actriz, nominada al Globo de Oro y quien de verdad sostiene la película.

Viven en un caserón de Seattle que parece caerse a pedazos. Y eso que la protagonista es una arquitecta de prestigio, aunque hace años que parece haber perdido la inspiración. Sucedió después de un fiasco y los motivos de esa ausencia de lucidez se desvelarán en su parte final, cuando la propuesta es más seductora. Antes, tendremos que hacer frente a una prolija explicación porque hasta entonces, se recrea en parrafadas con cierta chispa que tienden a esta producción hacia la comedia.

Con esos diálogos, unidos a la puesta en escena, nos damos cuenta de que se trata del último trabajo de Richard Linklater, uno de los cineastas independientes más interesantes en momentos puntuales, porque también es capaz de dirigir cosas decepcionantes. Aquí se le va la pinza, o a al menos no está a la altura de lo que podíamos esperar del creador de Boyhood. Sobre todo, porque no ofrece el mismo interés de las conversaciones y la puesta en escena de la trilogía Antes de…

Su personaje central es agrio. No responde a su entorno con la misma medida. Elgie Branch -Billy Crudup-, su esposo, es un brillante ingeniero cuyos inventos han sido adquiridos por Microsoft, la empresa para la que trabaja. Su hija, Bee, ha sacado con nota el último curso y requiere de sus padres que la acompañen en un viaje a la Antártida, lo que denota el poder adquisitivo de la familia. A Bernadette no le hace ninguna gracia, pero le gustan menos sus vecinas, especialmente Audrey -Kristen Wiig-.

Le agrada menos todavía Seattle, una ciudad en la que se siente incómoda, como también en la mansión donde viven. Se muestra altiva y racista con su asistente virtual, ubicado en India y muestra todos los argumentos como para no caer bien al espectador. Su vida parece que solo tiene como meta llevar y recoger a Bee en el instituto, aunque siente afecto y admiración por un colega, Paul Jellinek -Laurence Fishburne-. Un oasis en su particular desierto.

Es la primera vez que Linklater se centra preferentemente en un personaje femenino, al que tiene que escudriñar a fondo. El resultado no es alentador y hasta la propia Kate Blanchet se le escapa por momentos, exagerando gestos sin sentido. Con altibajos, la cinta se vuelve farragosa, sin chispa y no termina de concretar todos los frentes abiertos, algunos de los cuales, como la subtrama de la trama rusa que roba tarjetas de crédito, se nos antojan muy poco trabajados.

En general, el trabajo del autor es intrascendente. Parece una faena de aliño o una propuesta de encargo. No arriesga lo más mínimo y si tan siquiera se luce en los escenarios naturales mucho más allá del atractivo inherente que aportan las formaciones heladas. Hay que quedarse con el epicentro de la acción, que no es otro que un estudio acerca de la maternidad y como ésta puede influir en una mujer. Visión posiblemente parcial y que, a tenor de su situación y su carácter, no parece que Bernadette Fox sea el mejor ejemplo.

La Antártida cobra protagonismo, y las imágenes de pingüinos, hasta siete variedades distintas, leones marinos y demás se nos antojan insertadas a calzador. Parece que pasaban por allí. La vecina es quien pone en alerta a la familia de la protagonista cuando les dice que ha tomado un avión hacia la parte más septentrional del continente. No mejora la puesta en escena, pero sí que se desvela el secreto de la frustración de Bernadette. No se necesitaban más de cien minutos de disquisiciones, a veces reiterativas, y algunas situaciones tendentes al humor para hurtarnos el verdadero interés hasta la conclusión. Sin duda, de las obras más fallidas de su autor.

From → Cine

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