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La Liga de fútbol nos devolvió una jornada como las de antes

10 mayo 2016

La penúltima jornada de la Liga de fútbol en Primera División -antes BBVA y en adelante, quizá, Mazda- nos trasladó a tiempos pretéritos cuando, sin la presencia de las televisiones de pago, la mayor parte de los partidos se disputaban simultáneamente a la misma hora. Tiempos románticos que, por mor de la fuerza del dinero, ya sólo nos queda evocar o recordar que existen cuando llega el desenlace del campeonato.

Es norma que, al menos en España, las dos últimas fechas ligueras tengan horarios simultáneos en aquellos encuentros en los que se dirime el campeonato, puestos europeos o descensos. Normalmente, cada una de estas premisas cuenta con un día y una hora determinada de antemano, quedando al margen de esa rigidez aquellos choques en el que ambos contendientes no tuviesen en disputa alguna de las posiciones anteriormente citadas. Lo que sucedió el domingo 8 de mayo de 2015 resultó totalmente irregular, pero emocionante.

Los diez partidos de Primera División se disputaron al unísono por una serie de circunstancias concatenadas. El Barcelona se enfrentaba al Espanyol. Los culés con el título el juego y sus rivales de la ciudad sin haber asegurado la permanencia.  La presencia a una determinada hora de los de Luis Enrique exigía también la de del Atlético de Madrid y la del Real Madrid. La de los periquitos obligaba al Getafe, al Sporting Gijón –jugaban juntos-, al Deportivo de La Coruña, al Rayo Vallecano, al Betis y al Granada. El choque de los andaluces contra el Sevilla obligaba a entrar en liza al Athletic Club de Bilbao y al Celta de Vigo. Doce conjuntos implicados que afectaban a los diez encuentros programados.

De esta forma recuperamos sensaciones de antaño. El vértigo de un nuevo gol en cualquier estadio que afectaba a la clasificación, o incluso le daba un vuelco. El Atlético de Madrid, que partía segundo, se aupó casi de inmediato al liderato y terminó el domingo como tercero. El Sporting estaba prácticamente salvado, pero el empate del Getafe en las postrimerías dio esperanzas a los madrileños. No lo consiguieron sus vecinos del Rayo Vallecano, que a punto estuvieron de igualar en San Sebastián después de que la Real Sociedad se adelantara con dos goles. De los diez choques simultáneos de ese día se pasó a dos por el título el siguiente sábado y tres por el descenso el domingo. Quitando que el Celta y el Athletic Club tenían en disputa el quinto puesto, se contabilizaron cinco enfrentamientos en los que no había nada en juego. La mitad que siete días antes.

Sabemos que una jornada así es tan difícil de reeditar como una conjunción planetaria. Mandan los ingresos económicos a través de las televisiones y no prima el interés del aficionado o la emoción de un carrusel del que no nos podemos perder nada más que el descanso de los encuentros. Nos gusta el fútbol, nos gusta verlo por la televisión y escucharlo por la radio. Partido a partido nos asoma al precipicio del hastío, porque lo mucho cansa. Todos a la misma hora equivale a un chute de adrenalina. Al tiempo que nos rejuvenece, nos apasiona.

From → Deportes

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