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Todos queremos algo (Everybodys Wants Some!! (****)

1 julio 2016

A comienzos de los ochenta, unos jóvenes llegan a la Universidad para formar parte de su equipo de béisbol. Se encuentran con los veteranos de esa disciplina tres días antes del comienzo de las clases. Jornadas de diversión pero también de toma de conciencia acerca de la realidad del mundo de los adultos.

Después de la espléndida Boyhood, había mucho interés por descubrir el nuevo trabajo Richard Linklater. En su carrera como director, el texano nos ha dejado de todo. Hitos importantes, como la trilogía Antes de… y desastres como Una pandilla de pelotas. A tenor del argumento, todo parecía preparado para una comedia más protagonizada por novatos en el campus, pero el resultado empobrece cualquier producción anterior de este estilo. Con un guion, casi coral, lleno de matices, la puesta en escena resulta tan apasionante como sus películas más destacadas.

Aunque forma un todo aparte, conviene recordar un antecedente. En 1993 Linklater filmó Movida del 76Dazed and Confused, que nos presentaba a un grupo de jóvenes durante su último día en el instituto. Cerveza, marihuana y novatas constituían el denominar común de una propuesta que se daba la mano con American Graffiti. Ahora tenemos a un grupo de recién llegados a una Universidad sureña que formarán parte de su equipo de béisbol. No son los mismos, y han pasado tres años entre ambas historias.

En las horas previas a convertirse en universitarios de verdad, con todo lo que ello conlleva, el grupo, formado por novatos y veteranos, disponen de un par de casas alejadas del campus, lo que les proporciona una innegable independencia y también la imposición de unas normas que se saltarán a las primeras de cambio. Quieren practicar deporte, incluso ser profesionales, pero esa misma condición les permite triunfar entre las chicas e, incluso, entrar gratis a las discotecas y no pagar la cerveza. No en vano, el equipo de béisbol sobresale sobre las formaciones de otras disciplinas.

Los protagonistas componen un grupo de jóvenes figuras con escaso bagaje a sus espaldas, salvos raras excepciones. Es el caso de Ryan Guzman, que encarna a Roper, el único que se había lucido previamente como protagonista, gracias Obsesión y Jem y los hologramas. Sin embargo, el papel principal queda reservado a Jake –Blake Jenner-, uno de los novatos, ni mejor ni peor que el resto, pero el único que persigue a una chica, Beverly –Zoey Deutch, la heroína de Vampire Academy, una estudiante de arte dramático muy alejada de las que habitualmente pululan en torno a los deportistas.

Ellos son cabeza de un reparto que cuenta con valores en alza como  Tyler Hoechlin, Wyatt Russell, Adriene Mishler, Blake Jenner, Jonathan Breck, Jessi Mechler, Glen Powell, Will Britain, Taylor Murphy, Lizzy Pop, Vanesaa Amaya, Sophia Taylor Ali y Tory Taranova. Sólo dos personajes mayores: al principio, el entrenador; al final, el primer catedrático.

Pocas veces, el cine ha presentado un carpe diem de forma tan brillante. Linklater refleja la realidad estudiantil de comienzos de los ochenta, cuando se imponía la música disco y quedaban atrás momentos de zozobra política, incluso bélica o de unas propuestas de estilos de vida muy diferentes. Diversión por diversión, pero narrada de forma convincente, con un cierto toque de parodia y sin caer en ningún momento en la superficialidad o en lo cursi. Se puede indagar en cada vida. Hay personajes más obtusos, otros más simples e, incluso, los podemos encontrar brillantes. Debajo de cada uno subyace una personalidad, e incluso una meta.

Tanto este guion como su predecesor poseen fragmentos autobiográficos y, de alguna manera, enlazan con Boyhood, puesto que ésta terminaba exactamente donde comienza Todos queremos algo, con la llegada de su protagonista a la que será su habitación como estudiante universitario. En su aspecto formal, tampoco hay muchas novedades. Los jóvenes tienden al alcohol y las mujeres, aunque no sea ese su orden de preferencias. De todas formas, esos días quedarán marcados para siempre en cada uno de ellos. Da igual que a los bateadores no les caigan bien los pitcher. Son un equipo, y como tal se comportan. Luego, en soledad, cada uno tiene su mundo propio, que proyecta hacia el resto en mayor o menor proporción.

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From → Cine

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