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La chica del tren (The Girl on the Train) (**)

21 octubre 2016

Rachel está destruida tras su divorcio. Cada mañana toma el mismo tren y pasa por delante de la casa en la que vive su ex marido con su actual familia. Hay unos vecinos, una pareja que desayuna en su terraza y a la que Rachel toma como el matrimonio ideal. Un día se rompe la rutina y suceden acontecimientos inimaginables.

En 2015 se publicó la novela de Paula Hawkins, una de tantas herederas de Patrica Highsmith, y muy pronto se convirtió en un éxito sociológico. Había que leer sí o sí un trhiller psicológico, en ocasiones claustrofóbico, que mostraba pinceladas de Ágatha Christie y, sobre todo, de Alfred Hitchcock con La ventana indiscreta como primer referente. Estaba claro que en sus páginas albergaba una película y de su adaptación se encargó Cressida Wilson para que Tate Taylor continuase con su éxito comercial iniciado con Criadas y señoras.

El texto cinematográfico es fiel, en líneas generales, al literario, aunque el tren que toma Rachel Watson –Emily Blunt- no tiene su principio y final en Londres y sí en Nueva York. El resto mantiene la sintonía de la novela, aunque los flashbacks y las tramas entrelazadas, reminiscencia de una lectura en la que se narran tres puntos de vista, contribuyen a una cierta confusión que no empaña el interés de la historia ni la comercialidad de la misma. Principalmente, porque se mantiene un suspense que no sebe desvelar, especialmente para aquellos que no hayan bebido en la fuente original.

Divorciada y alcohólica, Rachel vive en el mismo apartamento que Cathy –Laura Prepon-. Cada día, el convoy ferroviario se detiene frente a la casa de Tom –Justin Theroux-, su ex marido, que vie con su actual pareja, Anna -Rebecca Ferguson- y su hija recién nacida.  Ella siente envidia, pero también fascinación por una pareja vecina, Scott Hipwell –Luke Evans- y su esposa Megan –Hailey Bennett-. Fantasea con ellos, con la aparentemente hermosa vida que ella les supone cuando los ve en la terraza del segundo piso de su aseada casa rústica. Hasta les ha otorgado nombres supuestos y estima que se trata de la pareja ideal.

Rachel sigue consumida por el alcohol y la frustración de no poder tener hijos. Olvida en su sobriedad lo que ha sucedido en sus momentos de consumo indiscriminado y enjuga su infortunio con una sucesión de amantes ocasionales y sus visitas al doctor Kamal Abdic –Edgar Ramírez-, a quien desea contar entre sus conquistas. Suele ponerse en evidencia, incluso con Martha –Lisa Kudrow-, la mujer del jefe de Tom durante una fiesta. Su vida es un tobogán pero, al mismo tiempo, se encuentra varada en la monotonía hasta que todas sus ensoñaciones se rompen de repente con la desaparición de Megan, la mujer a la que ella ansiaba parecerse. El detective Riley –Allison Janney- se hace cargo de la investigación.

Quienes hayan leído la novela se sentirán defraudados por su adaptación cinematográfica, porque la puesta en escena se asemeja a un témpano de hielo, y muestra unos personajes lineales en los que resulta difícil escarbar. Sin embargo, hay detalles que convierten este film en un atractivo para el espectador hasta el punto de que debe conducirlo hasta una posición muy alta entre los más rentables del año. Nos referimos a su contenido equilibrado de sexo, violencia y feminismo que le convierten en muy apta tanto para voyeurs como para los adictos a los culebrones. Incluso, el arma final puede gozar de tanta popularidad como el picador de hielos de Instinto básico, con la diferencia de que el utilizado en este caso se usa con más frecuencia en nuestros hogares.

El relato es lúgubre. Se corresponde con el texto literario y con el de una protagonista que aparentemente ha tocado fondo. Pero todo él también es tramposo porque nos invita a adoptar diversas personalidades. Cada cual puede sentirse identificado con los anhelos prohibidos que se plantean. Esa es la mayor virtud y el éxito innegable de este psicodrama en el que se nos permite vivir otra vida, y que seamos protagonistas en primera persona de nuestras propias fantasías. La música de Danny Elfman remarca el relato de una mujer que, como el personaje de Jose Coronado en La vida de nadie, no se atreve a decir que ha perdido su trabajo y toma el tren que debiera la debiera conducir cada mañana a una labor perdida a causa de su afición al alcohol.

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From → Cine

One Comment
  1. La vi antesdeayer y me pareció aburridísima 😦

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