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Rogue One: Una historia de Star Wars (Rogue One: A Star Wars Story) (**)

16 diciembre 2016

El Imperio Galáctico está a punto de concluir su arma más poderosa, La Estrella de Muerte, capaz de borrar de la faz del Universo cualquier planeta con una sola intervención. El ingeniero que dirigió el proyecto, afín a los rebeldes, ha dejado un punto débil, por lo que los sediciosos intentarán hacerse con los planos para exterminar el peligro.

Cuando George Lucas vendió a la factoría Disney los derechos de Star Wars parecía que se trataba de un negocio simpar, dado que la calidad de la saga había descendido notablemente. Lo fue, pero para la multinacional, que se aseguró los beneficios del merchandising, al tiempo que tenía preparados nuevos proyectos para sacarle más partido económico a uno de los seriales más importantes, sino el que más, de la historia del cine. La primera propuesta es rellenar el vacío narrativo existente entre la tercera y la cuarta entrega –la primera presentada en el tiempo-, y de paso ir fogueando técnicos para futuros proyectos, ya que todavía quedan las dos últimas entregas de la línea principal.

Lo que se nos propone es la creación de la Estrella de la Muerte y la aventura de los rebeldes para conseguir sus planos y aprovechar de este modo su vulnerabilidad para destruirla, tal y como sucedía en Una nueva esperanza. El arma mortífera fue diseñada por un grupo de ingenieros encabezados por Garen Elso –Mads Mikkelsen-, quien tras huir y ser localizado por los hombres de Orson Krennic –Ben Mendelsohn-, no tiene más remedio que ponerse a sus órdenes, no sin antes dejar a su hija Jyn –Felicity Jones- a cargo de un rebelde marginal, Saw Guerrera –Forest Whitaker-.

Garen dejó un punto de vulnerabilidad en la Estrella de la Muerte y un piloto renegado, Bodhi Rook –Riz Ahmed-, informa del hecho a la Alianza, encabezada en secreto por Mon Mothma –Genevieve O’Reilly-. Se trata de encontrar a Jyn, y de acceder a Saw Montana, bajo cuya custodia está el piloto y que informe de la situación real. Cassian Andor –Diego Luna-, junto a su droide de combate imperial reprogramado K-2SO, es el encargado de vigilar a la muchacha, una vez que dan con ella. Tiene unos planes muy concretos cuando se lanzan a robar los planos junto a un grupo de rebeldes entre los que destaca Chirrut Îmwe –Donnie Yen-, un guerrero místico creyente en la fuerza, y su inseparable mercenario Baze Malbus –Jiang Wen-.

Esta entrega no pretende más que avivar la llama en espera del Episodio VIII. Dentro de la saga, es un film de bajo presupuesto que Gareth Edwards ha salvado con nota por lo que se refiere a los fans de la creación de George Lucas. A ellos no puede defraudarlos puesto que se mantiene el espíritu del creador. En cierto modo, rejuvenece, con guiños constantes a la primera trilogía. Regresamos a las naves ya conocidas y surgen los AT-AT. Incluso en la postproducción se utilizan cortinillas, casi siempre camufladas, al estilo de las empleadas por su autor, y se recupera toda una galería de tipos estrafalarios semejantes a los iniciales. También el salto al hiperespacio sigue los parámetros primitivos.

Otra cosa muy distinta es el atractivo que pueda tener este film para curiosos o no excesivamente amantes de la saga. Es cierto que viene a rellenar ciertos huecos en la línea argumental, pero de sobras es conocido que, al margen de la aventura, todo aboca a la tragedia puesto que son mínimos los personajes que repiten de la primera entrega presentada oficialmente. A destacar las incorporaciones CGI de Peter Cushing –Grand Morff Tarkin-, comandante de la Estrella de la Muerte y de Carrie Fisher –Princesa Leia-. Tecnológicamente no están demasiado conseguidas, especialmente en el caso de la segunda, pero sucede lo mismo con la mayoría de efectos especiales. Al fin y al cabo, se trata de una serie B, y los recursos no son tan importantes como los de una gran súper producción. Ni siquiera la versión 3D aporta sorpresas.

Lo que no se puede obviar es que se trata de un producto Disney. El guion está salpicado de chistecillos o recursos facilones. Incluso, se meten a calzador a R2D2 y a C3PO sin que venga a cuento, aunque nada se nos dice de cómo llegó al interior del primero el holograma que permite la acción en el Episodio III. La presencia de Darth Vader tampoco era obligada, pero es un homenaje a los fans. Por lo demás, los personajes presentan lagunas en su historia, especialmente Jyn Elso. Aunque Diego Luna tiene más posibilidades lucirse, su compañera de reparto se lleva más laureles. Pero los verdaderos reyes de la función son el monje ciego y el droide K-2SO. Un disparo sobre él causa más impresión que la muerte de muchos rebeldes.

El inicio, con la presentación de los personajes, languidece un tanto. Luego, cuando llega la acción, se recupera y alcanza sus mejores momentos. No obstante, hay cierta confusión en el desarrollo de los ataques y el cartón piedra se nota en demasía. Teniendo en cuenta lo que pretende el film, el desarrollo es aceptable. No tanto si la juzgamos como producto independiente, alejado de un universo de Star Wars al que no renuncia en ningún momento. Si le desprendemos la mochila, seduce bastante menos.

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From → Cine

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