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Yo no soy Madame Bovary (I Am Not Madame Bovary) (***)

9 marzo 2017

Li Xuelian monta un falso divorcio para conseguir un nuevo piso, pero su marido decide casarse con otra mujer y pone en entredicho la moralidad de su primera esposa. Resentida, inicia un proceso reivindicativo durante más de una década para anular la separación y limpiar su dañada imagen.

Una voz en off nos pone en antecedentes de las razones por las que a las mujeres de vida disipada pertenecientes a una determinada  dinastía china se las da un nombre que perteneció a una de sus antepasadas. Casi nos perdemos entre los nombres, como poco después, cuando aparece la protagonista, Li Xuelian, en casa de un juez para demostrar que son parientes más o menos cercanos. Pretende llevar a juicio a su ex marido porque el suyo ha sido un falso divorcio. Su intención es que vuelvan a desposarse para, a continuación, nuevamente separarse.

Se basa la mujer en que había pactado con su esposo el divorcio para que les dieran otro piso, pero que cuando quiso reunirse nuevamente con él, ya tenía una nueva esposa. En el juicio, no aceptan la posibilidad de esa ruptura matrimonial y la protagonista inicia una cruzada durante varios años en busca de que le den la razón. Máxime, cuando después de visitar a su ex marido, éste le acusa delante de sus amigos de que ya había estado con otros hombres antes del matrimonio y que ella era la verdadera libertina. De la pequeña localidad en que vivía, se mudará a otra más grande e incluso llegará hasta Pekín.

Presentada en el Festival de San Sebastián, donde ganó la Concha de Oro a la mejor película y el galardón de mejor actriz en la persona de su protagonista, Fan Bingbing, la cinta se mueve entre la comedia y el drama, con mejor aportación del primer género y bastante discutible en el segundo caso. Con un guion de Liu Zhenyun, a partir de una de sus novelas, el cineasta Feng Xiaogang propone un novedoso estilo visual. Muestra las imágenes a través de un ojo de buey, en un cuadrado, o en pantalla completa, según se trate de una u otra ciudad. Desde este punto de vista, la puesta en escena es sorprendente, reforzada por la fotografía de Luo Pan, pero en el conjunto se muestra tan eficiente como tramposa. Al igual que la razón última del comportamiento empecinado de Li Xuelian, que sólo se revela en la última secuencia.

En la historia se pone de manifiesto cómo un asunto aparentemente insignificante, debido a la insistencia de una campesina, puede poner en entredicho el sistema y terminar con una purga de altos cargos, desde jueces a alcaldes, pasando por policías, jefes de distrito e incluso gobernadores. Como bien indica uno de ellos, hay que hacer caso al refranero y considerar que, en ocasiones, los árboles no dejan ver el bosque, o que un dique puede romperse por culpa de un agujero diminuto. El caso es que durante una década, las autoridades son incapaces de detener las demandas de Liu Xuelian, lo que permite aflorar la corrupción, el ansia de escalar peldaños en el partido y la poca afección de los políticos por los problemas más elementales de su gente.

La protagonista parte de una estafa que ella no considera tal para culminar con un intento de engaño al Gobierno, lo que pone de manifiesto también algunas de las leyes del país y la picaresca para sortearlas. Su éxito, aparte de la arriesgada puesta en escena, pasa también por la gran interpretación de Fen Bingbing. Ella sostiene su personaje, y por ende la película. Es menos convincente, también, en la parte dramática. Uno de los defectos del film, como algunas situaciones que, aparentemente, encajan poco o nada en el conjunto; por ejemplo, la secuencia de un  hotel en el que prácticamente es violada por uno de sus admiradores desde la escuela, Zhao Datou –Guo Tao-, y con el que está a punto de desposarse.

Evidentemente, la protagonista no es Madame Bovary y tampoco tiene demasiados puntos en común. La heroína de Flaubert era una mujer aburrida que buscaba en sus aventuras extramatrimoniales la efervescencia que faltaba en su hogar. Liu quiere reivindicarse y arreglar un mal paso dado por su inexperiencia. Para ello, no parece necesario irse a más de dos horas de proyección, porque destensa su aventura, enreda las acciones y también se vuelve repetitiva. En ese aspecto, esta producción es más efectista que efectiva, más propensa a sorprender en festivales que a convencer al gran público.

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From → Cine

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