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Nunca digas su nombre (The Bye Bye Man) (*1/2)

2 mayo 2017

Tres jóvenes universitarios se mudan a una vieja casa próxima al campus donde, sin querer, liberan a un ente sobrenatural que persigue hasta la muerte a todos aquellos que descubren su nombre. Los chicos intentarán preservar al resto de esa circunstancia para privarles de un final trágico.

Prácticamente, no hay comedia romántica que eluda la ecuación chico conoce a chica, o viceversa. Tampoco suele haber película de terror que no se desarrolle en una casa en las afueras. Son tópicos recurrentes hasta la saciedad. Tanto, que si tienes como ingredientes una mansión aislada y unos jóvenes universitarios, solo te falta un asesino en serie o un ente liberado del más allá para que tengas una película de terror. Luego, se ilustra con un guion lineal, unos cuantos sustos, algunas secuencias que no vienen a cuento pero siembran pánico e incertidumbre, y un montaje y una banda sonora tramposa.

Poco más o menos, son las líneas maestras de la última propuesta de Stacy Title, una cineasta cuya película de referencia, por el momento, es la última cena. En sus filmes suele contar con alguna celebridad del séptimo arte, como Camerón Díaz en el título mencionado anteriormente, o Jacqueline Bisset en El diablo vestido de negro. Ahora nos encontramos a Faye Dunaway, aunque su presencia sea poco menos que testimonial, como la viuda Redmon, la esposa de un hombre que, en 1969, fue invadido por el espíritu de Bye Bye Man antes de cargarse a diestro y siniestro con una escopeta. De ahí surge el mantra de la película: No lo digas, no creo que sea.

Lo que sigue a continuación es un compendio de guiones conocidos o de situaciones vistas. El personaje terrorífico se luce con una especie de chubasquero con capucha, lo que nos recuerda inevitablemente a uno de los personajes más agradecidos de la galería de los horrores. Quizá, si tengamos que destacar algo verdaderamente original en esta producción, que tiene que gustar por decreto a los amantes del género, sea el hecho de que pronunciar su nombre es el reclamo para que aparezca la muerte o que la presencia del innombrable llegue precedida por la aparición súbita de monedas. Vamos, que si te encuentros un montón de ellas por tu casa y no son tuyas, ni te atrevas a cogerlas. Bien es verdad que luego aparecerán más, pero tus horas de vida estarían contadas.

La acción se desarrolla en una zona rural delas afueras de Madison, donde tres universitarios de Wisconsin se instalan temporalmente en una espaciosa mansión con habitaciones como salones de baile. El protagonista es Elliot –Douglas Smith-, al que acompaña su insinuante novia Sasha –Cressida Bonas- y por John –Lucien Laviscount-, un compañero de estudios que destaca por su capacidad para el deporte. Una de sus amigas, Kim –Jenna Kanell-, les advierte que la casa tiene problemas. No hay que ser especialmente sensible para adivinarlo, ya que previamente han sucedido diversas cosas extrañas, como puertas que se abren o muebles que se desencajan. Otro clásico, una sesión de espiritismo, y Kim que, en trance, pronuncia el nombre del que nunca debe ser dicho. La actriz roba buena parte de la atención a los protagonistas, pero libera al espíritu del mal, a ese Bye, Byen Man –Doug Jones-, cuyo nombre no debe ser pronunciado.

Los chicos no están solos. También aparece la policía, representada por la detective Shawn –Carrie-Anne Moss-, así como otros secundarios. Da igual. Lo importante son los sustos y las secuencias transgresoras que no vienen mucho a cuento pero sí provocan sobresaltos. Vemos un perro sin piel, trenes que se dirigen a toda velocidad contra personas desnudas, gusanos en los cabellos, sangrientos cadáveres, reflejos en una cacerola… Por si fuera poco, el antagonista también se mete en la mente de los universitarios. Elliot sospecha que Sasha le engaña con John, su mejor amigo. Su hermano Virgil –Michael Trucco-, se convierte en sospechoso y menos mal que un periodista ejerce como nexo de unión entre los sucesos de finales de los sesenta y los actuales.

Stacy Title dirige con tino y la película muestra algunos puntos novedosos que le ofrecen cierto valor añadido. Sin embargo, no es más que un blockbuster de terror, una cinta de usar y tirar, incluso para los amantes del género, Se ve, se pasa el rato, y se olvida porque no hay ningún ingrediente que le permita fijarse en nuestra memoria. Tal vez, ese no lo digas que se repite hasta el cartel promocional. Si no sabes su nombre, mejor; si lo conoces, mejor guárdatelo para ti.

From → Cine

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