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Muchos hijos, un mono y un castillo (***1/2)

10 diciembre 2017

Todo sobre mi madre

Julia ha cumplido su deseo de tener muchos hijos, un mono y un castillo. Ahora, la crisis económica le pasa factura y tiene dificultades para mantener la imponente edificación. Después de repasar toda su vida con declaraciones sorprendentes, a base de iniciativas y tacto, logra mantener a flote a su familia.

Triunfador en un par de certámenes en el apartado de mejor documental, incluido el de Karlovy Vary, nos encontramos con el trabajo más personal y diferente de los últimos meses. Una propuesta sorprendente a cargo del actor Gustavo Salmerón, ganador del Goya y de diversos premios internacionales en 2002 gracias a Desaliñada, un corto que hablaba de sus posibilidades como cineasta. Para este nuevo trabajo se ayudó de catorce años de material con su madre como protagonista, así como de grabaciones domésticas desde hace tres décadas. Si se buscaba Julia Salmerón en Google apenas aparecía una línea sobre esta mujer nacida poco antes del estallido de la Guerra Civil. Ahora, su nombre está vinculado a este film. Ella confiesa que desde niña había deseado tener muchos hijos, un mono y vivir en un castillo. Directora de un jardín de infancia, y casada con un ingeniero industrial, su matrimonio era fiel representante de la clase media. Tuvieron seis hijos, y ella también disfrutó de la compañía de un mono, según una fotografía. Cuando reciben una importante herencia, cumplió el tercero de sus objetivos, vivir en un castillo. Rodada en Valencia, Cuenca y Barcelona, donde se encuentra la imponente edificación, este documental es un magnífico ejemplo de macguffin, expresión acuñada por Alfred Hitchcock. Hay muchos hijos, hay un mono y un castillo. También un par de vértebras del abuelo de la protagonista que se buscan por doquier. Ninguno de esos aspectos es relevante para la trama, pero permite repasar la vida de esta mujer. ¿Excepcional? Hasta cierto punto. Todos tenemos una historia que contar, solo hace falta narrarla bien para que interese. Eso es lo que ha conseguido el más pequeños de sus hijos, Gustavo García Salmerón. Es posible que no seamos demasiado estrictos al encasillar esta propuesta como un documental. Existe un guion muy trabajado a cargo de su director, en colaboración con Raúl de Torres y Beatriz Montáñez, pero sobre todo un espléndido trabajo de montaje. Nada menos que dos años en la sala de edición emplearon el mencionado De Torres y Dani Urdiales para ultimar este trabajo sinigual que nos deja un aspecto técnico apabullante, a pesar de que las imágenes no hayan sido rodadas con los medios más sofisticados. Su contenido atrae gracias a la personalidad de Julia Salmerón. La mujer en la que está centrada esta obra consigue atraernos, hasta el punto de que nos reímos y nos emocionamos con ella. No tiene nada especial, ni siquiera el recuerdo marchito de la belleza de su juventud. Operada de rodilla, es consciente de su obesidad a pesar de que no se alimenta para tanto. En ningún momento se avergüenza de ninguno de los capítulos vividos. Tan pronto confiesa que fue falangista como manifiesta un tacto certero cuando, a causa de la crisis económica, debe olvidarse de una de sus más tempranas aspiraciones. Mantener el castillo, con sus armaduras, camas con dosel, sedas de museo y otras pertenencias de ese tipo resulta poco menos que imposible en época de reveses económicos, reflejo de la más rabiosa actualidad. Más difícil todavía por cuanto Julia evidencia un claro síndrome de Diógenes. Todo lo guarda, lo almacena en cualquier rincón de su morada. Se pueden encontrar objetos inservibles junto a regalos navideños empaquetados y sin abrir desde hace años. Ese detalle da pie a que la puesta en escena sea casi tan surrealista como la vida de Julia. Ahora aparece un pavo real, o se explica la utilización de un largo tenedor que ella utiliza para despertar a su marido. Se recuperan viejas fotos de antepasados, e incluso sus cenizas guardadas desde la incineración. El montaje permite seguir la propuesta con agrado e interés, aunque haya un sector del público que rehúse esa vida estrafalaria del personaje central, que no entienda las razones por la que se le ha dedicado una obra de estas características. Sin duda, hay un evidente amor de hijo, pero éste tampoco oculta las miserias de su madre. Simplemente, pretende llevar a cabo un  planteamiento aséptico que consigue exponenciar gracias al atractivo personal de Julia, todo un soplo de aire fresco, carismática como pocas y que resulta tan entrañable que nos llega a enamorar.

From → Cine

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