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La herida (Inxeba – The Wound) (***1/2)

14 diciembre 2017

Secretos en la montaña

Xolani participa cada año como mentor en un rito iniciático que  culmina en la demostración y convencimiento de su hombría por parte de los adolescentes sometidos a esa ceremonia. El iniciado de Xolani descubre que éste es homosexual y que acude puntualmente a la zona para verse con otro tutor.

Entre los Xhosa sudafricanos hay una práctica habitual que atañe a los adolescentes. Se denomina ukwaluka y consiste en que los implicados acuden a la montaña y, guiados por un tutor, son circuncidados y encaminados para ser hombres. Cuando regresan a sus casas, la herida ya está curada y su reafirmación de masculinidad queda patente en sus gritos y convicciones. Se trata de un ritual secreto que, de forma un tanto ingenua, descubrió Nelson Mandela en su libro Largo camino hacia la libertad. John Trengove ha dado un paso más. En su primera película nos revela los pormenores.

Los adolescentes que deben reafirmar su hombría son los iniciados y están guiados por adultos responsables llamados tutores.  Lo primero es la circuncisión y luego se quedan aislados en una cabaña durante siete días sin poder beber y sin dormir. Kwanda –Niza Jay- es un niño de ciudad, de familia acomodada. Su padre piensa que es demasiado blando y por ese se decide por el ukwaluka pese a la opinión materna. De paso, le pide al hijo de un amigo de su padre, Xolani –Nakhane Touré- que se encargue de él, puesto que es uno de los tutores que se dan cita cada año en esta ceremonia.

Kwanda es distinto a los demás. Es el único que procede de una familia que vive en el extrarradio más lujoso de Johanesburgo, que viste con cierto lujo y que por ambas razones, aparte de por su sensibilidad, es objeto de las burlas de sus compañeros.  Pero lo que nadie puede discutir es su capacidad para captar a las personas, y no tarda en descubrir que Xolani, de treinta años, es un homosexual que acude como tutor para encontrarse con quien fuera su compañero de iniciación y que ahora está casado y tiene hijos. Vija –Bongile Mantsai- es mayor y se muestra como más duro y seguro de sí mismo.

En un mundo viril, la homosexualidad hay que llevarla en secreto. Kwanda y Xolani son distintos y ambos deben ayudarse entre sí. Vija pretende imponer su ley. Se desenvuelve perfectamente dentro de su ambigüedad, e incluso acepta cada año el dinero que le da Kwanda para ayudas familiares. Al fin y al cabo, no es más que un obrero que vive solo, sin grandes necesidades, y que lamenta haber dejado pasar las oportunidades que se le podían haber brindado como estudiante aplicado.

En este film, seleccionado por Sudáfrica para la edición número 90 de la estatuilla que premia a la mejor producción de habla no inglesa, sobrevuelan los recuerdos de otras propuestas recientes. Principalmente, Tierra de Dios porque ya es hora de desterrar a Brokeback Mountain como principal referente. La película de Ang Lee fue pionera a la hora de mostrar la homosexualidad desplazada a las montañas, quizá como una prolongación de los cowboys  que cabalgaban juntos semanas enteras. Las cárceles eran terreno abonado hasta entonces, y los riscos presentan opciones idénticas aunque sin barrotes. También hay puntos tangenciales con Moonlight. Se refuerzan incluso, al rozar un tema tabú como es la homosexualidad en el África negra.

En esta historia se reconfortan de no vivir en Uganda o de no estar sometidos al yugo de un Mugabe cualquiera. En Sudáfrica se concitan muchas más libertades, aunque la película no cesa en su empeño de mostrarnos dos mundos bien distintos, que coexisten aunque son paralelos. La modernidad y la tradición como primera medida, la ciudad y el campo que representan los distintos iniciados, y la marginalidad que se opone a la reafirmación del macho. Los chicos comparan sus cicatrices, e incluso hay quien presume de su corte Mercedes Benz. Las referencias a los atributos masculinos son constantes.

Secretos mejor o peor guardados que se ponen de manifiesto. Dudas acerca del comportamiento de los demás y del suyo propio. Siempre hay algo que ocultar o, cuando menos, de mantener en la reserva. Kwanda participa en el ukwaluka, a la vez que pone en tela de juicio las tradiciones y se enfrenta a los más ancianos. No lo hace de una forma extremadamente airada porque nada en la puesta en escena se lleva a extremos radicales salvo en un desenlace que se nos antoja menos certero y deja en el aire alguna duda aunque pretenda cerrar una herida más. Probablemente, la más importante para uno de los protagonistas. La vida sigue, pero cada vez estamos más expuestos en todos los sentidos por mucho que Vija no quiera salir del armario o que Xolani no haya encontrado la firmeza masculina que se le supone a un Xhosa.

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