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Heartstone (Corazones de piedra) (***)

15 abril 2018

Leal amistad

La amistad entre dos chicos en una pequeña localidad islandesa resulta muy especial. Cuando uno de ellos siente interés por una muchacha, el otro descubre que sus sentimientos hacia su amigo son muchos más profundos de los que nadie pudiera imaginar.

El despertar de la sexualidad es un recurrente en séptimo arte. Por lo que sabemos de su biografía, el islandés Guömundur Amar Guömundsson es un auténtico experto en el tema, puesto que antes de su debut con en este film había rodado dos cortos con semejante temática. La novedad más importante de esta apuesta es la atracción entre dos adolescentes masculinos que, al profundizar en su amistad, muestran caminos diferentes. Uno es abiertamente homosexual mientras que el otro siente atracción por las mujeres sin desdeñar la complicidad que tiene con su amigo.

¿Se puede compaginar la atracción física con la amistad? No es el caso de los componentes de una pareja que pueden tener relaciones sexuales sin someterse a ningún compromiso. Tampoco es un Brokeback Mountain en un pequeño y aislado pueblo islandés. En esta ocasión no hay acercamiento por soledad, ni atracción por necesidad. Las situaciones fluyen casi de modo natural, y el casi se debe a que la propuesta es como un río a mitad de su curso, con muchos meandros, situaciones comprensibles para unos y poco justificadas para otros. Eso permite que el largometraje se vaya por encima de las dos horas y que por mucho que se pretenda ofrecer masticado, deja bastantes puntos por descifrar en esta interesante ópera prima.

Estamos en verano, lo que no significa que haga calor, porque en Islandia nunca lo hace. La acción se desarrolla en una pequeña localidad compuesta por casas aisladas en torno a lengua de mar y bajo la mirada pétrea de un sistema montañoso de nieves perpetuas. Thor y Chrsitian son dos amigos que se encuentran inmersos en el seno de familias desarraigadas, lo que no significa una excusa ni tampoco una obligatoriedad para sus actos. Christian –Blaer Hinrikson- sufre a su padre alcohólico y una madre que quiere vivir otra vida. Tiene su propia habitación, por lo que sus actos íntimos los puede llevar a cabo en solitario y sin preocupaciones.

La vida de Thor –Baldur Einarsson- es bastante más compleja, ya que comparte habitación con una de sus hermanas, la más pequeña y aficionada a la poesía. Su padre ha abandonado el hogar para irse a vivir lejos con una mujer más joven y su madre necesita alguna compañía masculina, probablemente la del granjero Sven –Soren Maillinh-. Su actitud es criticada por su hija mayor, Rakel, con quien llega incluso a las manos. Thor no goza de la intimidad de su inseparable amigo, quien le ha dado muestras de atracción física sin que aquel las haya entendido como tal.

El estío favorece los romances, y Thor está interesado en Beta –Diljá Valsdóttir-, amiga de su hermana Hanna –Katla Njálsdóttir, que a su vez siente algo especial por Christian. Son los primeros pasos de un despertar sexual que los cuatro pretenden investigar, cada uno a su forma. Hasta entonces, solo habían experimentado un tímido beso en cualquiera de los muchos juegos infantiles que favorecen esas acciones, aunque con otras personas distintas. Lo que está claro es que Christian se encuentra cada vez más atraído por Thor, y que éste sigue confiando en su amistad pero acercándose cada vez más a Beth, llegando incluso a un nivel superior.

Con paso muy lento, como corresponde a las cinematografías escandinavas, el verano avanza y también las sensaciones de los cuatro muchachos. Maduran y van forjando su personalidad y sus sentimientos. Muchos animales muertos ya lo largo del film y la parábola del pez piedra, que se devuelve al océano después de haber sido pisoteado porque no sirve como alimento. El clímax resulta muy atractivo, asentado por una interpretación creíble y el buen trabajo fotográfico de Sturla Brandth Grovlen. De todas formas, el conjunto se resiente de la parsimonia, de secuencias alargadas, e incluso de otras que podrían haberse quedado en la sala de montaje, por lo que a pesar de su fortaleza, la cinta acaba pesando.

Ese lastre se acentúa por causa de pasajes  que, si no son contradictorios, parecen jugar al despiste. Por ejemplo, Thor descubre que ha manchado las sábanas después de dormir una noche con Christian mientras las chicas lo hacían en una cama contigua, pero en el instante de mayor intensidad, besa a su amigo en la frente, sin ir más allá. Parece que entiende sus sentimientos, pero sin rechazarlos, y no quiere participar en el mismo juego, aunque sus lazos de amistad parecen irrompibles. Las chicas parecen tenerlo claro mucho antes en un ambiente en el que la homosexualidad no es vista con buenos ojos y en el que las familias disfuncionales contribuyen al desarraigo y a sentimientos que, en determinados momentos, parecen equívocos.

From → Cine

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