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Diana (**)

22 septiembre 2018

Escort a cara descubierta

En un piso del Paseo de La Castellana, en Madrid, una prostituta de lujo habla de su profesión abiertamente ante una cámara de televisión. Dice no tener miedo a la llegada de un desconocido, y que también los hombres que buscan su compañía deberían de preocuparse al no saber lo que les deparará su aventura.

Una mujer pasea un perro de raza peligrosa mientras asistimos a la presentación de uno de esos programas de televisión en los que se llevan a cabo diversas denuncias o se habla a calzón quitado. Presentan el madrileño Paseo de La Castellana, desde la plaza de Colón hasta el nuevo corazón financiero, como una fachada económicamente atractiva que esconde sus propios secretos. Entre sus rascacielos y sus lujosas empresas hay cabida para pisos de escort, o prostitutas de lujo. Una de ellas decide hablar a la cámara abiertamente. Incluso, se queja de la escasa iluminación, de que no se vea claramente su rostro y de que el lugar apenas se parezca a su casa.

La redactora –Laura Ledesma- insiste con sus preguntas para conocer los sentimientos íntimos de la entrevistada. Quiere profundizar no ya en si le gusta el sexo, cuya respuesta es afirmativa, sino en la posibilidad de sentir miedo ante la presencia de un desconocido. Entonces, el personaje central –Ana Rujas- cuenta una historia después de afirmar que los hombres que acuden a este tipo de cintas también tienen motivos para sentirse inseguros. No dicen a nadie cuál es su destino, llegan de incógnito, casi siempre con nocturnidad, y se convierten en auténticos personajes solitarios.

Con un cartel insinuante y una primera media hora de buen cine, Alejo Moreno, guionista de Días de cine, de ahí la presencia de Moisés Rodríguez como presentador televisivo, firma su primer largometraje. Lleva a sus dos protagonistas al límite y desencadena una historia de utilización del poder, de pasiones sexuales y desdoblamientos de personalidad que desluce con un final artificioso. Un desenlace que apenas concuerda con el inicio, adornando el conjunto con una secuencia lésbica en inglés que no parece necesaria. Quizá quedase demasiado corto

La propuesta mantiene un digno equilibrio fílmico y unas interpretaciones magníficas por parte de la prostituta de lujo y su cliente –Jorge Roldán-. Ella utiliza el nombre de Ela, diminutivo de Manuela, pero en uno de sus muslos aparece grabado el nombre de Diana, la diosa de la caza por excelencia; él es Jano, el dios de los portales, las tradiciones y los finales. Toma dejaba abiertas las puertas de su templo en caso de guerra para que viniera en ayuda de la ciudad. Se le atribuye la invención del dinero, y por eso en el film es un brillante emprendedor, que ha hecho dinero fácil con una propuesta de wi-fi libre en las grandes ciudades.

Alejo Moreno aprovecha para tocar diversos frentes. Por su tamiz pasan desde la prostitución de lujo, a la especulación financiera y a la soledad que domina nuestra época. Ela confiesa tener una amiga. Bastante más que Jano, que no tiene familia ni novia y al que su socio, que pudiera ser su persona de confianza, parece estafarle. En la puesta en escena hay influencias varias, desde El graduado a Joven y bonita. También, referencias a los géneros que parecen más próximos al autor y menciones más o menos veladas a propuestas clásicas del séptimo arte, como la compañera de piso con un gran cuchillo en sus manos o el mcguffin que significa el propio nombre que da título al film.

Como el propio desarrollo del largometraje, todo va de menos a más. Las insinuaciones de una brillante Ana Rujas en los inicios hacen honor a lo que se esperaba tras ver el cartel promocional, pero no consigue mantener el listón tan alto, recurriendo a situaciones que se dan la mano con el sadomasoquismo y que se refuerzan con unos diálogos más subidos de tono. Se aprovecha de la doble personalidad de sus protagonistas para completar una obra que muestra las carencias económicas en su producción.

Obviamente, una escort posee un nidito de placer mucho más lujoso que es el que se nos ofrece. No tiene chulo, tampoco queda claro si trabaja para una agencia, pero sí que comparte piso con otra compañera ¿…? Su imaginación y maldad van parejas con la explotación de su líbido, mientras que Jano queda poseído tras su primer encuentro con la chica. Difícil de creer pero aceptable. Luego reacciona de una forma más airada, en apariencia incongruente. Los dos terminarán mostrando su lado oscuro, lo que nos gusta menos. Se olvida el erotismo para pasar a una pornografía blanda en un film con dos caras, como las de sus ejes centrales para completar un debut independiente y prometedor.

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