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Desenterrando Sad Hill (Sad Hill Unearthed) (***)

20 octubre 2018

Tumbas para un mito

La secuencia final de El bueno, el feo y el malo forma parte de la historia del cine. Se rodó en un cementerio creado para la ocasión en la provincia de Burgos. El paso de los años y la erosión lo ocultaron hasta que un grupo de voluntarios decidió devolverlo a la luz. El cincuentenario del film fue todo un acontecimiento en Sad Hill.

Se trata de un lugar entre los términos municipales de Contreras y Santo Domingo de Silos. La mayor parte del film se rodó en Almería, pero Sergio Leone buscaba algo especial para su cementerio de Sad Hill, donde tendría lugar el culmen de su película y una de las secuencias más recordadas de la historia del séptimo arte, aquella en la que Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee van Cleef se enfrentan en un duelo rodeados por miles de cruces al son de la música compuesta por Ennio Morricone. En el guion original   no superaba el medio folio y en la pantalla se extiende alrededor de veinte minutos.

El documental que presenta el vigués Guillermo de Oliveira es también el de un sueño. Unos cuando devotos del film constituyeron una asociación cultural que homenajeaba a Sad Hill. Casualmente, desde una colina, advirtieron la formación concéntrica que había servido para el rodaje. Cuando visitaron el lugar, escarbando un poco notaron que allí estaban las piedras que sirvieron de base a los movimientos de los actores. Ingenuamente, pensaron que en un par de fines de semana habrían dejado todas al descubierto.

Tardaron meses, y lo hicieron con la ayuda de voluntarios llegados de varios puntos de Europa. Después, las cruces, por suscripción popular. Con una aportación a través de las redes sociales podías tener tu nombre en una de ellas. Finalmente, el pequeño muro pétreo y ya estaba todo preparado para una efeméride que congregó a millares de personas en ese campo perdido donde no hay tendido eléctrico ni antenas repetidoras y que está unido para siempre al nombre de Sad Hill. También estaba el árbol de la horca y algunos detalles más que convirtieron el espacio escénico en un efímero parque temático.

Esa es una de las dos líneas del documental. La otra, en un buen trabajo de investigación, se reconstruye con las declaraciones de testigos como fue aquel rodaje en las proximidades de Ortigüela, uno de los pueblos con encanto más destacados de la provincia castellana. Y no desfilan por la cámara de Guillermo de Oliveira gente de paso o poco significativos. Entre los nombres que aportan sus recuerdos a este trabajo figuran Clint Eastwood, Ennio Morricone y varios de los técnicos que tomaron parte en el rodaje.

Se hace hincapié que el Gobierno español, entonces encabezado por Francisco Franco, levantó en 1966, por medio de sus militares un enorme cementerio con más de cuatro mil tumbas ficticias. Sergio Leone estaba encantado, porque era el camposanto más grande jamás construido. El propio Eastwood afirmó en un encuentro en Los Ángeles que, aunque el film mencionaba cuestiones que eran condenadas por el Gobierno fascista, no hubo mayores problemas para la aportación estatal por tratarse de una historia que transcurría en Estados Unidos. Los extras cobraban al día 150 pesetas diarias solo por figurar. La cantidad se elevaba si tenían que hacerse el muerto o aparecían en el río.

Algunos de los soldados que en su día participaron, y que fueron desplazados desde un cuartel de la capital de provincia, aportan asimismo sus recuerdos. También hay comentarios del director español Alex de la Iglesia o del italiano Joe Dante, quien califica a Sergio Leone como el cineasta italiano más influyente. Personalmente, echamos a faltar al mejor amigo del cineasta en nuestro país, el actor Conrado San Martín quien, en su día, me demostró las virtudes de un director genial a quien el intérprete, nacido en la localidad abulense de Higueras de las Dueñas en 1921, consideraba el mejor de todos a cuyas órdenes había trabajado.

Un trabajo muy serio, que también deja espacio para el humor, con la anécdota de la explosión del puente sucedida en el film, que enlaza con uno de los gags más divertidos protagonizados en la pantalla por Peter Sellers. Con planos bellísimos, aprovechando los contraluces y un buen trabajo en general tanto de ubicación de cámara como de tratamiento escénico, posiblemente haya demasiadas concesiones a los máximos responsables de la Asociación Cultural Sad Hill, lo que desemboca en tintes melodramáticos. Todo lo contrario que la presencia de James Hetfiel, la voz de Metallica. El grupo lleva más de treinta años abriendo sus conciertos con el tema del duelo compuesto por Ennio Morricone.

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