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Un hombre fiel (L’homme fidèle) (***1/2)

17 mayo 2019

Comprensivo y perseverante.

Marianne vive con Abel, pero decide dejarlo por Paul, padre del hijo que espera. Ocho años más tarde fallece Paul y los otros dos personajes centrales vuelven a acercarse, lo que provoca los celos de la hermana del fallecido. Desde adolescente ha estado enamorada de Abel y ahora, convertida en mujer, reclama su sitio.

Muchas veces la historia más sencilla se vuelve excesivamente complicada. Otras, demasiado vulgar. En el medio está la virtud, como la que ha conseguido Louis Garrel con este título, que mereció el premio ex aequo al mejor guion en el pasado Festival de San Sebastián. Un galardón justo a tenor de los méritos que acumula. Se centra en un triángulo amoroso que se trata con inteligencia, sin profundizar en el dramatismo y con brillantes pasajes de comedia.

Los tres personajes principales cuentan sus vivencias y cada uno habla de cómo le va en unas relaciones amorosas que acaban convirtiéndose en triángulo. Marianne –Laetitia Casta- vive con Abel, pero le comunica que espera un hijo de su amigo Paul, con quien se ve desde hace un año. La boda es inminente, dentro de diez días y el hombre herido, que hace sus pinitos en el periodismo, acepta el hecho con cierta resignación y se apremia a recoger sus pertenencias. Es comprensivo, y pronto veremos que también perseverante.

Ocho años más tarde fallece Paul y Abel se encuentra en el funeral. Allí conoce a Joseph –Joseph Engel- , el hijo de Marianne y se reencuentra con Eve –Lily-Rose Depp-, la hermana pequeña del fallecido, convertida en toda una mujer. Desde hace más de una década está enamorada del personaje central. Entonces era una adolescente, pero siente que ahora es perfectamente visible como para disponer del hombre con el que sueña desde hace tanto tiempo.

Marianne y Abel se acercan nuevamente provocando los celos de Eve y de Joseph. El chaval quiere a su madre solo para él y le dice en voz baja a Abel que fue su ella quien asesinó a su padre con la connivencia del doctor Pivoine –Vladislav Galard-, con quien mantuvo encuentros amorosos. El clímax tiene lugar cuando Eve confiesa abiertamente su amor por Abel y Marianne empuja a su amante a vivir con ella para que sepa a ciencia cierta si es el amor de su vida.

Louis Garrel triunfa como guionista, da la talla detrás de la cámara y se muestra más insulso delante de ella. El conformismo inocuo con el que trata a su personaje se ve empequeñecido por el valor de los dos caracteres femeninos y la creíble interpretación de ambas actrices. Lo que no puede negarse es el buen trato que Garrel proporciona a su historia. Hace simple lo complicado y consigue interesarnos en los pasajes más sencillos. La sinopsis puede parecer superficial, pero la película no lo es.

Opta por un tratamiento que evoca a la Nouvelle vague, aunque tamizada por la realidad del siglo XXI. En ocasiones muestra la compleja banalidad de Eric Rohmer. Con todo, dibuja una radiografía de una realidad amorosa actual. Las mujeres no se ocultan a la hora de mostrar sus preferencias. Incluso, pueden convivir con dos hombres sin que ellos se enteren. Un amante por el día y otro por la noche. No hay tragedia ni reacciones airadas.

Los tres personajes principales tienen un comportamiento adulto que va más allá de lo imaginable. Por eso el filme va de amor y también de desamor, presentando caracteres atractivos y profundos aunque den la apariencia de lo contrario. Quizá, se ha quedado en el tintero un mayor desarrollo de Joseph, el niño aficionado a las ficciones policiacas que es capaz de montar toda una teoría conspiratoria porque lo que realmente necesita es cariño.

De nada vale que Abel le diga que en poco tiempo buscará nuevos horizontes y no será tan dependiente de su madre. El chico necesita cubrir sus exigencias de amor paternal y se monta sus propias historias que, aparte de ello, son perfectamente creíbles. Los celos nada exacerbados flotan siempre en el ambiente. También el desencanto y la aceptación. Son valores con los que juega Garrel para construir un largometraje de mérito que hubiera sido un referente hace medio siglo y que ahora se ve con complacencia porque aglutina valores cinematográficos muy aceptables.

From → Cine

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