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Hamada (***1/2)

10 julio 2019

Tierra de nadie en pleno desierto

Los saharauis habitan un terreno desolado en campos de refugiados desde que España cedió los terrenos en 1975. Entre sus gentes, azotadas por el viento y con las dunas del desierto en constante cambio hay ilusiones que quizá nos parecerán mucho más banales que las nuestras, pero no menos importantes.

Hamada, por definición, es un paisaje de desierto pedregoso, caracterizado por un paisaje árido y duro. La palabra sirve para definir perfectamente lo que nos quiere contar Eloy Domínguez Serén. El gallego, después de sus pinitos documentalistas en nuestro país ha encontrado en Suecia el respaldo a sus inquietudes, como sucede con esta producción, la más reseñable de un hombre inquieto por mostrarnos las diásporas y sus consecuencias. También la de un pueblo sin patria que conoce de primera mano porque, desde 2014, es profesor de cine en los campamentos de refugiados saharauis en Tindouf, Argelia.

Envuelta en una cinematografía y un sonido admirables, quien fuera crítico de la Radio Galega cuenta una historia que hace honor al título de este documental. Es ardua y árida. Aquí no hay genocidio ni una guerra civil cruel, inhumana como todas las de este tipo. Desgraciadamente, nos referimos a un pueblo en busca de una identidad perdida, cuyos congéneres sueñan y tienen esperanzas como cualquier ser humano. Si bien las suyas son tan lógicas como remotas y prácticamente inalcanzables.

En las dunas del desierto aparecen unos personajes cuyas siluetas se recortan con el trasfondo de un cielo infinito y un sol que nos antoja de justicia. Sidahmed intenta enseñar a conducir a Zara en un desvencijado vehículo. Tiene paciencia infinita. Lo da el paisaje, pero sobre todo la situación de dos jóvenes en un campo de refugiados. En 1975 España cedió esos territorios saharianos después de haber explotado en lo posible las riquezas del subsuelo. Marruecos y Mauritania se quedaron con esta zona del Sahara occidental que actualmente conforma uno de los diecisiete territorios no autónomos bajo la tutela del Comité Especial de Descolonización de la ONU. Nadie reconoce actualmente su soberanía y Argelia ejerce de catalizador de todo ello.

Cada cual busca una salida y lo primordial es un trabajo. Zara afirma que es una experta en mecánica, aunque ni siquiera sepa arrancar un auto. Sidahmed tiene su meta en España. Ansía llegar a Europa y labrarse un futuro. Un compañero de ellos, Taher tiene ambiciones más prosaicas y no menos ambiciosas: casarse con una mujer de buena posición social, a ser posible francesa. Su mundo no está en ruinas. Simplemente, resulta inexistente.

España es la meta, la tierra prometida, como así ha sucedido con otros compatriotas que en su día consiguieron salvar el Estrecho de Gibraltar. En un relato aséptico, Domínguez Serán nos muestra el contraste de la vida mínima en el desierto con la opulencia de un inmenso autobús que ensalza en sus laterales los beneficios de la región de Murcia. Es una especie de Bienvenido Mr. Marshall sin vocación de serlo. Más bien, expone la certeza de que hay un paraíso fuera de ese terreno apátrida.

Hay momentos especialmente dolorosos, como los audios por Whatsapp entre quienes quedan en los campos de refugiados y los que pretenden emigrar en busca de una vida. No se pueden poner trabas al progreso. También se utiliza Skype para las conversaciones. Unos adelantos técnicos que contrastan con la cárcel de arena en la que viven los protagonistas y sus congéneres. Un pueblo, al fin, que lucha por su identidad, pero que no existe a ojos del mundo.

Es destacable que no se haga hincapié en cuestiones políticas sino para que comprendamos mejor la demostración de este buen trabajo. Se eluden acusaciones históricas para mostrarnos la realidad tal cual es. El humor también ayuda a que el mensaje nos llegue más adentro porque el equilibrio de la propuesta entre la distensión y el drama es uno de sus puntos fuertes desde el punto de vista cinematográfico.

Las historias personales son hermosas y consiguen emocionarnos. Tristemente, la realidad de que nos muestra se podría resumir en una frase que se dice el filme: Para que vamos a construir aquí si en cualquier momento nos pueden echar. Un conflicto que se extiende por años y que los informativos silencian en aras de dramatismos bélicos o de aquellos que muestran un carácter genocida. Ni que el Sáhara Occidental no entrase dentro de esta catalogación.

From → Cine

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