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La casa de verano (Les estivants) (**)

13 agosto 2019

Autocomplacencia poco comprometida

A un lugar amplio y aislado de la Costa del Sol llega Anna con su hija para pasar unas cortas vacaciones. Intenta sobreponerse a una ruptura amorosa ocurrida recientemente y, de paso, se dispone a preparar su próxima película. La existencia de cada cual representa un misterio y el de ella no es ninguna excepción.

Cuando emerge el cine dentro del cine obligatoriamente nos invita a pensar en una obra de carácter autobiográfico o en una sátira que puede decantarse tanto del lado cómico como del dramático. Si la responsable es Valeria Bruni Tedeschi no cabe ninguna duda de que se trata del primer supuesto. Su protagonista, Anna, encarnada por ella misma, se refugia en una ampulosa y aislada villa de a Costa Azul para afrontar dos retos: superar una ruptura amorosa y preparar su próximo filme.

Con diversas subtramas que funcionan de manera desigual, los personajes principales deben enfrentarse a su realidad y comprenderla. De esta forma, la autora penetra en el mundo de alta burguesía con intención de diseccionarla. No pierde el control. Al contrario, se muestra excesivamente prudente por lo que se propuesta se aloja en la autocomplacencia. El espectador puede pensar que con un casoplón de esa naturaleza y un importante servicio las penas deberían de ser menores y mucho menos existenciales. Los problemas debieran de ser mínimos, o menos preocupantes en ese ambiente.

Valeria Bruni Tedeschi tiene seguidores a ultranza en su faceta de actriz como en la de cineasta. A otros, en este segundo caso, nos empalaga o nos deja bastante más fríos. En el horizonte planea la sombra de Un castillo en Italia -2013-, e incluso se referencia de forma más o menos velada. No la ha mejorado, e incluso podríamos calificar este nuevo trabajo como bastante más endeble. El guion, en el que también participó Noémie Lvovsky, una de las actrices galas del momento, dista mucho de ser intelectual, aunque se pretenda, Se queda en lo escasamente comprometido. Parece que va a poner todo patas arriba para contenerse dentro de lo políticamente correcto.

Dice la directora que los suyos son autobiografías imaginarias. Nos gustaría que explicara desde ese concepto las razones por las que su película rememora al hermano recientemente fallecido de la protagonista, lo que sucedió realmente en la vida real. O la presencia de su madre, también en la ficción, y que es recurrente en su filmografía. Esta vez se llama Louisa -Marisa Borini-. Incluso, en filmes anteriores aparecía un personaje antagónico representado por su hermana rival, y el hombre que de desencadenaba el conflicto amoroso sobre el que estudiaba posibles salidas.

Amos personajes también se encuentran en esta producción, aunque Valeria Golino -Elena- ha sustituido a Chiara Mastroianni. En cuanto a su posible pareja, Luca -Riccardo Scamarcio- debería acompañar a la villa de la Costa Azul, pero se queda en París después de presentar el proyecto junto al productor cascarrabias -Xavier Beauvois-. Está claro que le espera otra mujer. Lejos queda la presencia de Louis Garrel, se pareja en la vida real y en el cine en anteriores películas. Una forma de llevar al celuloide la ruptura amorosa, puesto que su nuevo proyecto se basa precisamente en ese caso. Autobiografía imaginaria es una definición rimbombante para quien, dentro de la pantalla, se define como una cineasta italiana establecida en Francia.

En la Costa Azul se desatan más las relaciones que las pasiones. Con Anna se desplazó su coguionista, Nathalie -Noémie Lvovsly-, lo que ofrece un nuevo guiño a ese paso de lo real a lo imaginario, o viceversa, que tiene lugar en la mansión de ubicación admirable. Allí se integrarán a esa búsqueda existencial Jacqueline, el ama de llaves -Yolande Moureau-, el cocinero -François Négret- y el jardinero empeñado en abatir jabalíes. Todos ellos forman parte de ese conglomerado de retratos escasamente comprometidos. Como el marido de Elena -Pierre Ariditi-, y cuñado de la protagonista, así como el actor suizo Jonathan Dickinson -Vincent Perez-. Demasiadas historias colaterales para una duración que resulta excesiva, ya que se estira hasta los ciento veinticinco minutos.

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