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Hotel Mumbai: El atentado (Hotel Mumbai) (***1/2)

4 septiembre 2019

Crónica de una masacre

El 26 de noviembre de 2008 diversos atentados terroristas prácticamente simultáneos sacudieron la ciudad de Mumbai. La película recoge aquellos sucesos centrándose en uno de los objetivos, el hotel Taj Majal Palace & Tower. Los protagonistas son un empresario ruso, una familia norteamericana y un empleado local.

El Taj Mahal Palace & Tower es un hotel de ensueño que abarca dos edificios construidos en diferentes épocas. Situado junto a la Puerta de la India, fue inaugurado en 1903 y constituye uno de los auténticos emblemas de la ciudad. En sus habitaciones se alojaron políticos relevantes, como Bill Clinton y Jacques Chirac; miembros de la realeza noruega y británica, incluido el Príncipe de Gales, y figuras populares de la talla de The Beatles, Mick Jagger y Elvis Presley.

Ese símbolo urbano fue uno de los objetivos fijados por los terroristas, que nada más llegar a la ciudad de India, tomaron unos cuantos taxis para dirigirse a sus puntos de destino. Según órdenes externas, deberían de proceder en sus actos con una diferencia que no sobrepasara los treinta minutos. Se dirigieron hacia la estación ferroviaria y otros puntos de interés. En la realidad, aquel 26 de noviembre también sufrieron ataque una comisaría de policía y otras instalaciones, incluido el hotel Oberoi, también de cinco estrellas y en donde se cuantificaron cuarenta rehenes, veinticinco más que en el Taj Mahal. Buscaban, sobre todo, a ciudadanos británicos y estadounidenses.

En esta recreación cinematográfica, coescrita y dirigida por el debutante Anthony Maras, se han simplificado bastantes de esas acciones, centrándose en las detonaciones de la estación, la alusión a otras intervenciones y, principalmente, en el establecimiento hotelero de gran lujo en el que sus clientes quieren bañarse a una temperatura determinada del agua o solicitan bebidas exclusivas. Para el negocio, cualquiera de sus usuarios debe ser tratado como un auténtico monarca y todo el personal debe de estar a su servicio.

El mimo es tal que el chef Hemant Oberoi -Anupam Kher-, el único que realmente existió, aparta de la primera línea, con la consiguiente pérdida de propinas, a uno de sus empleados. Se trata de un sij llamado Arjun, amoroso padre de familia, encarnado por un Dev Patel que emerge siempre cuando se trata de una producción centrada en el Indostán. Su personalidad, y los detalles que de su vida nos ofrece el filme se aprecian desde el principio, cuando se coloca con delicado mimo el turbante tradicional de al menos siete metros de largo.

Lo que se cuenta va mucho más allá de un relato basado en hechos reales convertido en un thriller dramático. Se advierte un intento de profundizar en los personajes y, sin tomar partido, contarnos los porqués de sus actos, tanto en el caso de los terroristas como en el resto de caracteres. Lo que no quite para, en el comienzo, se presenten a los personajes centrales sobre los que girará la acción. A los ya mencionados se unen un ex agente ruso convertido en próspero y mujeriego hombre de negocios -Jason Isaacs-, así como un matrimonio norteamericano – Armie Hammer y Nazanin Boniadi-, padres de un bebé al que dejan en manos de una niñera -Tida Cobhan-Hervey-.

La puesta en escena, comparada con el original, resulta exagerada por el número de asesinatos cometidos a sangre fría por parte de los asaltantes, entre los que destacan los caracteres incorporados por Amandeep Singh y Suhail Nayyar. Cumplen órdenes, pero les ciega fundamentalmente sus convicciones religiosas. Evidentemente, sus actos no se justifican, si bien queda en nuestra retina las reticencias de uno de los terroristas cuando se encuentra con una mujer que, pese a tener pasaporte estadounidense, fue educada en la religión mahometana.

La coproducción entre Australia, India y Estados Unidos resulta muy eficiente. Está bien rodada y nos mantiene en vilo prácticamente desde la primera secuencia. Quedan, sin embargo, algunos puntos oscuros, que se esbozan sin críticas. Por ejemplo, el tiempo que tardaron en llegar las fuerzas especiales, ya que estaban concentradas en Nueva Delhi y una población tan importante y con tantos millones de habitantes como Mumbai, parecía absolutamente desprotegida ante un ataque de semejantes dimensiones.

El conjunto destila calidad, tanto desde la línea argumental que eleva el thriller hasta una puesta en escena directa y horripilante en sus actos. Un verismo que, mirado fríamente, puede conseguir un efecto llamada que resultaría especialmente dolorosa. No se ofrecen razones para centrarse en el horror de unos actos que pueden ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar. Ese detalle tan incómodo pone los pelos de punta mucho más que las imágenes plenas de autenticidad firmadas por Anthony Maras.

From → Cine

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