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Las buenas intenciones (Les bonnes intentions)

13 diciembre 2019

Adicción a tiempo completo.

Una mujer madura es adicta a las causas benéficas desde su juventud. Entre otras acciones da clase de francés a inmigrantes, pero sus buenas intenciones chocan con una realidad que la supera y afecta a su familia y a su relación con los alumnos. La llegada de otra profesora más carismática amenaza su situación.

La inmigración suele utilizarse como receta para mostrar en la pantalla dramas personales o de superación. Gilles Legrand lo utiliza en este caso desde una vertiente cómica. Para ello se centra en una heroína cincuentona que vive las veinticuatro horas del día para ayudar a los demás. No le importa llevarse a todo y a todos por delante si con ello se siente autocomplacida. Se desvive especialmente por los inmigrantes ilegales o los damnificados en cualquier conflicto. Su adicción es a tiempo completo.

Isabelle -Agnès Jaoui- se ocupa con tanto fervor a su causa como quien es adicto al sexo o a cualquier otra pasión desmedida. Da clase de francés a inmigrantes llegados a Francia que aspiran a una vida mejor y en una de las primeras secuencias se pone de manifiesto la línea a seguir. Los alumnos le reprochan los estereotipos. Los habitantes de cada país tienen su sambenito particular. De ahí a los clichés queda un escaso margen.

La perseverancia de la protagonista viene de lejos, cuando formaba parte de una ONG en Bosnia y tuvo que encargarse de quien sería su futuro marido, Adjin -Tim Seyfi-. La pareja tiene dos hijos, pero tanto a ellos como a su esposo no les presta la atención que necesitan por volcarse con los más necesitados. Todo se recrudece cuando llega una nueva profesora, Elke -Claire Sermonne-. Se trata de una alemana con nuevos métodos de enseñanza que se ocupa de un aula que Isabelle creía que era para ella.

Odia a su competidora por esa razón y porque sus muchachos quieren irse con ella. Necesitan sacarse el carné de conducir para tener acceso a un trabajo y establecerse como franceses. Por eso el personaje central entra en contacto con el propietario de una autoescuela adyacente, Attila -Alban Ivanov-, a quien pretende convencerle de que una empresa humanitaria le puede reportar beneficios. Más tarde o más temprano tendrá que admitir sus errores, acercarse a Elke y remar todos en la misma dirección.

La película tiene algunos gags que propician alguna que otra carcajada, pero no supera casi nunca los estereotipos. Cada uno de los inmigrantes al recaudo de Isabelle terminarán comportándose, más o menos, según las etiquetas de su país de origen. Ahí están los casos de Chuang Mu -Chantal Yam-, o de Miroslava, interpretada por la cantante, compositora y comediante lituana GiedRé. Ni siquiera la tutora alemana se aparta de lo convencional en cuanto que parece heredera directa de algún oficial nazi. La moraleja que podemos extraer es que cuando quieres hacer el bien siempre te pueden echar por tierra tus pretensiones.

De buenas intenciones está el infierno empedrado y este film es un buen ejemplo. No solo por lo que se refiere a la labor de su personaje central, sino también por la aportación del reparto y, sobre todo, por la propuesta de Gilles Legrand. Intenta desmitificar el asunto de la inmigración, mirándolo desde un lado más distendido sin perder la óptica de mostrar el terrible drama que supone. El resultado es una película con demasiado diálogo que, en ocasiones, llega a resultar incómoda.

Su responsable se ha preocupado especialmente por los planos cortos, la mayor parte con cámara al hombro, siguiendo sus personajes. No arriesga con los planos secuencia, lo que cinematográficamente le resta valor y alcanza cotas obsesivas. La acción podría ocurrir en cualquier ciudad, puesto que los reducidos exteriores se limitan a un trozo de calle y a un paseo en bicicleta por otro lugar impersonal. Esta comedia dramática se pone al servicio de Agnès Jaoui. En la cincuentena, su personaje posee una vitalidad incuestionable y ella lo incorpora con decisión. Lucha porque Isabelle no resulte cargante, ya que se encarga de acaparar cada una de las secuencias, incluso en las que no aparece. Sus compañeros de reparto quedan en un segundo plano, obligados a conformarse con unos roles que limitan su creatividad.

From → Cine

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