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Los niños del mar (Kaijû no kodomo – Children of the Sea) (**1/2)

20 enero 2020

Sinfonía acuática

Comienza el verano y Ruka tiene un altercado con una compañera del equipo de balonmano. Poco después discute con su madre, que se acaba de divorciar. Sin otras posibilidades acude al acuario en el que trabaja a su padre, donde encontrará a dos jóvenes que poseen una conexión especial con el océano.

Hasta ahora, ningún estudio televisivo o cinematográfico se había atrevido con la adaptación de un manga de Daisuke Igarashi. Su universo combina lo real con lo abstracto, incluyendo un mundo onírico muy particular, lleno de fantasía, que se da la mano con aspectos mágicos difíciles de trasponer. Finalmente ha sido Studio 4º C quien decidió encargar al propio autor el guion de la película basándose en los cinco volúmenes que componen la obra.

Así llegó el libreto a manos de Ayumu Watanabe, un veterano de la televisión que en 2000 se presentó en sociedad con Doraemon. No parecía el responsable más adecuado para una historia donde el misticismo juega un papel importante. También lo sobrenatural, y no es lo mismo el gato que vino del espacio que unas criaturas con una conexión especial con el océano. Aquí juega un papel importante la inmensidad marina, que inicialmente parece controlada por el hombre, aunque se demostrará con el devenir de las imágenes que no es así en modo alguno.

Ruka Azumi es una adolescente que juega al balonmano. Es el primer día de verano y tiene un enfrentamiento agrio con una compañera. Si no se disculpa, el preparador le dice que excusa volver a entrenarse. También discute con su madre, Kanako Azumi, que acaba de divorciarse y cuya relación tanto con su hijo como con su ex marido es bastante tensa. El deporte y las carreras de la protagonista nos remite a Campeones y otras series animadas japonesas relacionadas con el deporte. Más en la forma de desplazarse que en las acciones de juego, bastante más dinámicas que en las propuestas de televisión.

Muy pronto, el filme toma otros derroteros. Cuando se nota una conexión especial de Ruka con los animales marinos, la animación nos sorprende, adquiriendo unas cotas cualitativas de primer nivel. Los detalles, los movimientos… todo parece estar dotado de un magnetismo especial que nos atrapa por su belleza. A cada paso el nivel técnico se va elevando. Concretamente, desde que la protagonista va a visitar a su padre, Masaaki Azumi, que trabaja en el acuario, allí donde parece que el hombre controla el universo marino.

Muy pronto conoce a Sora, y más tarde a su hermano Umi. Ambos han sido criados por dugongos, único representante que sobrevive de la especie de los sirenios. Los dos interactúan con toda clase de peces, lo que desemboca en imágenes admirables repletas de seres variopintos. Es muy gratificante ver a los delfines antes del show en el acuario y como Umi lleva a cabo los mismos movimientos que los cetáceos. Hay, además, otros dos personajes significativos: Anglade, un biólogo marino que intenta descifrar el misterio de los hermanos y como pueden comunicarse con los animales, y Jim, un ex amigo del anterior que se encarga de Umi y Sora.

La película es una auténtica sinfonía, respaldada por una partitura musical muy agradecida de Joe Hisaishi. Decepciona el argumento, prácticamente una excusa para mostrarnos una cinematografía por momentos apabullante. Dentro del anime representa una isla, ya que los personajes, aunque con rasgos y vestidos muy orientales, difieren por completo de lo que estamos acostumbrados a ver en producciones afines. Comenzamos por los inmensos ojos redondos de Ruka.

Llega un momento en que para continuar con esa preciosista puesta en escena se recurre a elementos existencialistas que contrastan con la calidad pictórica de los fotogramas. Incluso, hay caracteres que abundan en ese realismo fantástico de que hablamos. Es el caso de Dede, una misteriosa figura que cuida de los dos hermanos y que también está relacionada con el medio acuático.

Una vez que sobrepasamos el ecuador, la película comienza a cansar siempre que no nos entretengamos en su elevada calidad visual, Los dibujos son atractivos y los movimientos, especialmente los de las criaturas marinas, llegan al sobresaliente. Contrasta el realismo de la ciudad con el virtuosismo submarino y la variedad de especies que se ofrece a nuestra vista. Todo un collage difícilmente superable.

From → Cine

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