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Aguas oscuras (Dark Waters) (***1/2)

22 enero 2020

El peligro del teflón

Un tenaz abogado investiga la causa de la muerte de cientos de unidades de ganado vacuno y las enfermedades que azotan a los habitantes de una pequeña localidad próxima a las instalaciones de una poderosa empresa química. Tras llevarla a juicio, demostró que sus productos habían envenenado el agua del río Ohio.

He aquí una historia que va directamente a las entrañas. Llega a acongojarnos tanto que dudamos de lo que comemos, lo que bebemos, o incluso de como lo cocinamos. En el centro de la polémica se sitúa el politetrafluoretileno, más conocido por teflón, una sustancia que puede resultar letal si contiene PFOA, un compuesto tóxico. Utilizado como revestimiento para tanques y desarrollada por la DuPont Corporation, fue descubierto en 1938 por Roy Plunkett, un trabajador de esta compañía.

Parece ser que desde 2012, cuando concluyó la macrocausa sobre la que se centra el film, y que se extendió durante casi dos décadas, las sartenes y ollas de teflón ya se han liberado de ese componente cancerígeno. Incluso, desde hace más tiempo, están recubiertas de un baño de titanio que las hacen prácticamente inocuas. No impide, según se afirma en la pantalla, que el PFOA esté presente en el noventa y nueve por ciento de los seres humanos y que miles de productos químicos todavía no estén registrados.

La cruzada para hacer nuestro mundo un poco más seguro la emprendió un abogado de Cicinnati llamado Robert Bilott -Mark Ruffalo-, socio de la firma Taft Stettinius & Hollister después de que se presentara ante él Wilbur Tennant -Bill Camp-, un granjero de Pakersburg, sita en el adyacente estado de Virginia Occidental. Vecino de la abuela del protagonista, tuvo que sacrificar a casi doscientas unidades de ganado vacuno a consecuencias de extrañas enfermedades. También ha atacado a su perro, a su esposa y a él mismo.

Bilott decide aceptar el caso, respaldado por su jefe, Tom Terp -Tim Robbins- y se convierte en un auténtico investigador. Tiene ante sí la tarea de escrutar miles de informes y memorandos hasta llegar a la conclusión de que una factoría química aledaña a la granja de Tennant vierte al aire y al río Ohio ingentes cantidades de PFOA. Se da la circunstancia de que la firma que represente defiende de manera legal a la mayor parte de la industria química, aunque no a la implicada DuPont Corporation, una de las empresas más fuertes del sector cuyo CEO, Phil Donnelly -Victor Garber-, lo toma como una especie de intimidación.

El registro de productos químicos y su posible salubridad no está legislada de forma concreta, y muchas veces depende de las propias empresas. Por eso motivo Billot se muestra como una especie Quijote ante los molinos o un moderno David luchando contra Goliath. Una firma de las características de DuPont, con unos beneficios estimados de mil, millones de dólares al año únicamente gracias al teflón puede permitirse el lujo de invertir dinero para alarga cualquier demanda hasta que el implicado decida abandonar.

La historia se basa en un artículo periodístico escrito por Nathaniel Rich en el que relata el enfrentamiento entre Billot y DuPont. Todd Haynes, un cineasta muy personal, se ha encargado de llevarla a la pantalla. Tiene su sello, aunque se trate de su película menos críptica. El guion, en el que ha intervenido el propio periodista, consigue que todo lo que se cuenta, incluidos los nombres científicos, sea perfectamente comprensible. La puesta en escena es fiel a la narración. Muestra a un Ruffalo empequeñecido antes el resto de los actores, incluso un abogado que se une a su causa, Harry Dietzler -Bill Pullman-. Asimismo, su habitual forma de actuar ayuda a esa impresión y a la fortaleza que muestra para llegar hasta el fondo de su iniciativa.

Por la temática, remite a filmes como Chinatown, Erin Brockovich, o El veredicto. En esta oportunidad, el empecinamiento del protagonista no se debe a que le afecte directamente, aunque así lo cree ya que está pendiente de si los dos hijos que nacen durante el período que abarca el largometraje lo hacen sin deformidades. Su actitud le afectará laboralmente y también incidirá en su familia. Su esposa Sarah -Anne Hathaway- parece una figura decorativa hasta que tiene su momento de gloria de cara al final.

El caso se extendió durante casi dos décadas y Todd Haynes lo explota. Por momentos, llega a producir cierto hastío. Hubiera sido un flagrante defecto sino hubiéramos advertido que los actores, incluido Ruffalo se hacen partícipes de ese sentimiento. Invita a pensar que se trata de una aportación deliberada del director para demostrar la extensión en el tiempo de la resolución del caso y el cansancio que puede producir. A destacar la aparición de personajes reales, como Bucky Bailey, uno de los niños afectados, que nació sin visión en uno de sus ojos y con solo un orificio en su nariz.

From → Cine

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