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El ritmo de la venganza (The Rhythm Section) (**)

4 marzo 2020

Una partitura correcta

Una muchacha ha tocado fondo tras sufrir la muerte de toda su familia en un accidente aéreo. Cuando un periodista contacta con ella para decirle que, en realidad, se trató de un atentado no se detendrá hasta dar con el paradero de los culpables. Para ello tendrá que someterse a un duro entrenamiento.

Las películas basadas en textos literarios sufren la amputación de buena parte de la historia para adaptarlas a un metraje asequible. Esos guiones no suelen tener la misma calidad de las novelas salvo honrosas excepciones y, en este caso, ha sido el propio autor, Mark Burnell, quien se ha encargado de la adaptación. En estas situaciones suele ocurrir que los escritores desarrollen algunas partes que debieran ser más cortas y viceversa. La máxima se cumple en esta ocasión.

Stephanie Patrick -Blake Lively- ha perdido a sus padres y su hermano en una catástrofe aérea. Ella debía haber viajado en el mismo avión, aunque finalmente decidió no embarcarse. Tras el fallecimiento de su familia se ha hundido hasta convertirse en prostituta. Uno de sus clientes, que solo quiere hablar, afirma que el supuesto accidente fue en realidad un atentado. El informante -Raza Jeffrey- es en realidad un periodista y los datos que le ofrece a la chica resultan convincentes. Le habla de un tal Reza -Tawfeek Barhom-, quien habría confeccionado la bomba encargada por un millonario desconocido.

Antes de que el reportero sea asesinado le habla de una fuente, un ex del MI6 apodado B -Jude Law-, que parece tener bastante información. Stephanie decide encontrarlo y se marcha a las Highlands, allí donde el río Ness se junta con el fiordo de Moray. Después de un primer desencuentro, B decide enseñarle diversos trucos de defensa personal con el propósito de que tenga algunas posibilidades, aunque sean mínimas, de conseguir su propósito. Una vez adiestrada, la siguiente etapa es Madrid, donde se encuentra Marc Serra -Steling K. Brown-, un ex oficial de la CIA, que puede proporcionarle más datos.

Comienza así un peregrinaje que llevará a la protagonista hasta Tánger, Nueva York y Marsella. En eso se nota que los productores son los responsables de esa misma parcela de James Bond, Michael G. Wilson y Barbara Broccoli. Hay momentos francamente interesantes, como el enfrentamiento con B en una sola secuencia o la persecución por las calles de Tánger. El trabajo del director, Reed Morano, que tiene en su haber la serie El cuento de la doncella, resulta verdaderamente efectivo. Su puesta en escena no admite muchos peros.

Comenzó en el séptimo arte como director de fotografía y ha mimado esa parcela, que en esta ocasión ha corrido a cargo de Sean Bobbitt. Las imágenes de Madrid son de las mejores que se han visto en la pantalla fuera de las producciones propias y a los escenarios escoceses les ha proporcionado un sentido efectivo y original en la situación de la cámara. La banda sonora de Steve Mazzaro es por momentos brillante, aunque las canciones sacadas de los sesenta, incluidas las voces de Brenda Lee y Elvis Presley, no parecen encajar demasiado bien con los escenarios a los que acompaña.

Todos los argumentos de superación personal suelen dejar una frase para el recuerdo. En este caso es una enseñanza de B a su pupila: el corazón es la batería; tu respiración es el bajo. Tampoco es que resulte capital en el desarrollo. Tenemos dos instrumentos importantes, aunque se echa en falta el resto de la orquesta para ejecutar una partitura correcta a la que le falta virtuosismo.

La cinta tiene altibajos. Sin duda, lo mejor es aquello que se deriva de los trabajos del director y de una Blake Lively que se entrega con fervor. No le importa lanzarse al barro y mantiene su personalidad con diferentes colores de pelo y diversas pelucas. Falla la continuidad de un guion que ralentiza algunas situaciones que debieran ser más ágiles y al contrario. Tanto, que llega un punto en que se vuelve confusa y el espectador tiene que atar los cabos que no le ofrece el film. Tampoco sabemos nada de la historia anterior de la protagonista, aunque a base de pinceladas suponemos que era una alumna aventajada en Oxford.

Los flashbacks que narran la complicidad que tenía con su familia resultan repetitivos en más de una ocasión. La actriz protagonista expresa con su rostro lo que no hay necesidad de repasar. Es uno de los ejemplos de ciertas ralentizaciones que debieron haberse aligerado en la sala de montaje. Hay otros aspectos poco creíbles. Se supone que Stephanie y B han estado varios meses juntos y nos resistimos a creer que en ese tiempo no ha existido la más mínima atracción. Todo lo contrario de lo que sucede con otro de los personajes.

From → Cine

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