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La canción de los nombres olvidados (The Song Of Names (**)

13 marzo 2020

La canción de los nombres olvidados – Las filigranas de un violinista

Un niño polaco, refugiado en Londres, emerge como un prodigio del violín. Acogido por una acomodada familia británica que tiene un hijo de edad pareja, desaparece cuando está a punto de ofrecer su primer concierto. Años después, alguien muestra una técnica muy semejante a quien se fue sin dejar rastro.

El crítico de música clásica Norman Lebrecht ganó en 2002 el Premio Whitbread a la primera novela cuando contaba con cincuenta y cuatro años. The Song of Names se centra en dos niños que crecieron en Londres durante la postguerra y en el impacto del Holocausto. Su adaptación cinematográfica, que cuenta con un magnífico diseño de producción, fue adaptada por Jeffrey Caine y dirigida por François Girard, responsable de El violín rojo.

El mismo instrumento, pero una historia muy diferente. La de un virtuoso acostumbrado a besar la colofonía antes de intervenir. El arco y las cuerdas nuevas hay que impregnarlas de brea, porque la colofonía es lo único que permite que el arco funcione. Pero la música, a pesar de una inspirada partitura de Howard Shore, no es la parte fundamental del relato que en la pantalla se inicia en los prolegómenos de un concierto en 1951. En la capital británica un joven talento de veintiún años llamado Dovidl Rapaport debutará ante un público entusiasta con obras de Max Bruch y Johann Sebastian Bach. Sin embargo, el solista no se presenta, dejando en mal lugar a su familia de acogida y a Martin, quien lo considera como un hermano.

¿Cuáles fueron las razones de esa huida? No se desvelarán prácticamente hasta el final, después de que Martin -Tim Roth-, ya cincuentón, forma parte de un jurado musical en Newcastle, donde se presenta un muchacho con unos hábitos y unas cualidades semejantes al desaparecido Dovidl. En entonces cuando comienza a buscarlo sin pausa. Con flashbacks continuos vamos reconstruyendo la historia. El violinista, cuyos solos fueron interpretados por Ray Chen, era un niño polaco que encontró refugio en Inglaterra, donde fue acogido por una familia que alimentó sus capacidades ante la atenta mirada de su hijo Martin, quien consideraba al judío como su hermano.

Las secuencias de guerra ponen de manifiesto el mimo con el que se ha cuidado este largometraje, que clausuró, fuera de concurso, la pasada edición del Festival de San Sebastián. Una vez más, el Holocausto muestra escenas terribles, y sí sabemos que los padres de Dovidl fueron conducidos al campo de exterminio de Treblinka. La acción se desarrolla, por tanto, en tres épocas distintas, lo que obliga a que otros tantos actores se encarguen de los dos personajes centrales. Clive Owen se encarga del violinista, aunque la parte del león de este personaje se la reserva Jonah Hauer-King. El reparto, en sus principales papeles, incluye a Catherine McCormack y Saul Rubinek.

La adaptación fílmica resulta acartonada. Esperábamos mucho más, especialmente porque no se habían reparado en gastos. El guion parece haber escogido momentos puntuales de la novela, sin captar su espíritu y evidenciando una absoluta frialdad. Los hechos suceden, y algunos son especialmente importantes, sin que lleguen de manera definitiva al espectador. El entusiasmo brilla por su ausencia, aunque quienes no estén muy familiarizados con la religión judía encontrarán motivos para sorprenderse en su recta final.

Sorpresa también en las motivaciones de Dovidl para ausentarse del que estaba preparado para su debut triunfal. Mucho menos, en su comportamiento. Podría haber reaparecido antes e, incluso, después de tanto tiempo, la facilidad con la que entiende que ha de cubrir una deuda con el padre de Martin tampoco resulta demasiado creíble. Cuando la ambientación destaca por encima de la interpretación y del interés del conjunto es que algo falla y eso es lo que sucede con la puesta en escena de François Girard.

Los personajes, lejos de apasionar, resultan acartonados. De ello se resienten los actores, especialmente Clive Owen, que no tiene un papel en el que pueda lucirse. La conclusión es que se trata de un drama bastante convencional en su propuesta. No discutimos la exaltación de la amistad que destilan sus imágenes, pero siempre desde un esquema totalmente rígido que obliga a que las emociones se queden clavadas a la vuelta de la esquina.

From → Cine

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