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Bella y perdida (Bella e perduta) (***)

7 agosto 2016

Tommasso se aplicó en vida a conservar dentro de lo posible un palacio abandonado en la región de Nápoles. A su fallecimiento, un intermediario entre los vivos y los muertos, recoge la cría de búfalo adoptada por aquel e intenta salvarla de una muerte segura, ya que los machos son únicamente aprovechados para carne.

Confieso el desconcierto inicial al ver las primeras secuencias de este largometraje de Pietro Marcello, que hasta ahora se había prodigado en el género del documental. Después de un plano secuencia con cámara al hombro, aparecen unos extraños personajes, con máscara y vestimenta que recuerda a los derviches turcos. Juegan a las cartas hasta que uno de ellos, Tommaso Crestone, solicita el permiso correspondiente para que Sarchiapone pueda hablar y, de esta forma, cuente su historia al mundo.

Esos personajes disfrazados son seres que ejercen de intermediarios entre los muertos y los vivos, que escuchan lo que dicen aquellos y lo cuentan a los habitantes del planeta. Sarchiapone es una cría de búfalo que Tommasso encontró perdida y que se dispuso a cuidar, como hacía con el Sitio Real de Carditello, en la provincia de Caserta, al sur de Italia. El humano desafiaba a la camorra, a los vándalos y a los amigos de lo ajeno, luchando porque el palacio neoclásico se pusiera en pie hasta que falleció realmente la víspera de la Nochebuena de 2013, lo que no impidió que se interpretara a sí mismo en el film.

Uno de esos personajes enmascarados, Pulcinella –Sergio Vitolo-, se encarga del búfalo. Pretende, según la aspiración de Tommaso, que esquive al matadero, puesto que las hembras son utilizadas para producir la leche con a que se fabrica la mozzarella, pero de los machos únicamente se aprovecha su carne. De esta forma, comienza en viaje que, desde el Vesubio le lleva por toda la región de Nápoles hasta que le entrega el animal a Gesuino –Gesuino Pittales- para que lo cuide, pero éste lo acerca hasta un ganadero con el propósito de que lo engorde y se puedan alimentar con él en el aniversario de Tommaso Crestone, conocido como El ángel de Carditello.

Pietro Marcello no puede evitar su tendencia al documental, pero consigue una metáfora realmente bella acerca de la Italia actual, y más concretamente de su región sureña. Sarchiapone hubiese preferido haber nacido en La Luna, o en cualquier otro planeta, pero se siente orgulloso de ser búfalo, a pesar de que el hombre, siempre egoísta, considere que es el único en el mundo que goza del privilegio de tener alma.

La propuesta es pareja a la de una road movie, pero también una historia intimista contada desde dos puntos de vista diferente pero que vienen a concluir en la crítica o la denuncia de la sociedad actual. La cámara subjetiva se utiliza para mostrar lo que siente y habla Sarchiapone, a quien Pulcinella entiende hasta que decide quitarse la máscara, ser un mortal más y vivir con la mujer que le ha cautivado. Las escasas referencias en blanco y negro hablan de la civilización y el expolio del legado de los antepasados.

Las imágenes son seductoras en su mayor parte, con encuadres que van de un gran dificultad a la estética de los contraluces. La sombra de Luis Buñuel la podemos encontrar en la forma; en el fondo, nos vienen a la mente varios literatos de postín que podrían hacer suya esa historia pero, sobre todo, la narración de Adiós, cordera  escrita por Leopoldo Alas Clarín. Sarchiapone llega a emocionar y la lágrima que cae de su ojo izquierdo es la representación de su historia y también la del llanto por un país que parece desmoronarse. De lectura difícil, mucho más en su arranque, la película termina por envolvernos y hasta toca en varios momentos nuestra sensibilidad.

Los personajes, humanos o no, son todos ellos trágicos, porque el autor apenas ve esperanza. Quizá en otra vida, probablemente en otro mundo. Un juicio alarmista de Italia que puede extenderse a la sociedad actual, en la que los valores primigenios, e incluso la amistad, se pierden a pasos agigantados. Es un relato sobre la fatalidad a la que cada uno de nosotros estamos condenados. Sólo a través del árbol de la muerte podemos encontrar un atajo. Incluso, es posible, que en el más allá, aunque no exista un paraíso, sí que haya una esperanza.

From → Cine

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