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La favorita (The Favourite) (***)

18 enero 2019

Mujeres en la corte de los Estuardo

En la Inglaterra del siglo XVIII, en plena guerra con Francia, la debilitada reina Ana deja prácticamente todo el gobierno en manos de Lady Sarah, quien también es su amante. La llegada de una dama caída en desgracia, que pretende recuperar como sea su posición, dará un vuelco al régimen establecido.

La historia sitúa a Ana Estuardo como la primera soberana de Gran Bretaña y la última de los Estuardo. Bajo su reinado se desarrolló el sistema bipartidista y ella tuvo como especial consejera a Sarah Jennings, cuyo esposo, John Churchill, Duque de Marlborough, dirigió las tropas británicas durante la Guerra de Sucesión española. El guion de este filme de Yorgos Lanthimos, el primero que no ha escrito él, ofrece sutiles diferencias y llega a fabular sobre otros aspectos.

No tiene lugar la Guerra de Sucesión y sí un enfrentamiento con Francia. Las tropas británicas están al mando del de Malborough –Mark Gatiss- y su esposa –Rachel Weisz- no sólo es quien decide los asuntos de Estado, sino que es la mismísima amante de una reina –Olivia Colman- aquejada de gota y convertida poco menos que en un esperpento. Pretende ser querida, aunque no de pie para ello y traiga a mal traer con sus decisiones tanto al Gobierno Tory, encabezado por el Conde Sidney Godolphin –James Smith-, como a la oposición liderada por Robert Harley –Nicholas Hoult-, Conde de Oxford.

En esas circunstancias llega a la corte una mujer llamada Abigail –Emma Stone-, supuesta prima de Lady Sarah, que anteriormente fue una dama y cayó posteriormente en desgracia por culpa de las deudas del juego de su padre. Le pide trabajo a la valida de la soberana, a quien terminará acercándose con lisonjas y caricias, pasando de ser la favorita de la esposa de Marlborough a compartir cama con la mismísima Ana Estuardo. Sus artes embaucadoras la llevan a contraer matrimonio con el Barón Samuel Masham –Joe Alwyn-, amigo de Harley, a quien le da falsas esperanzas al inicio para terminar convirtiéndole en un pelele. Al menos, así se desprende una única secuencia en la que vemos al esposo lamentarse y ella disfrutar tonteando con otros caballeros.

El griego Yorgos Lanthimos, que se hartó de ganar premios con Langosta -2015., incluido un Oscar al mejor guion, y el Premio del Jurado en Cannes, repitió galardón este año en Venecia y consolida su film entre los candidatos a la estatuilla dorada. Ha hecho un ejercicio importante de reflexión por lo que a su cine se refiere. Normalmente, sus trabajos resultaban opresivos, incluso tendentes a la claustrofobia, con planos muy cerrados. En La favorita es como si hubiese hecho un acto de contrición, o una enmienda a la totalidad. Utiliza con profusión, tal vez desmesurada, el gran angular y, sobre todo al principio, el ojo de pez nos hace pensar en una apuesta tridimensional.

No obstante, se mantiene fiel a sus principios, puesto que no abandona la sensación de agobio. Preferentemente lo consigue con el dormitorio de la reina, cuyo espacio está ocupado hasta el máximo, y las paredes decoradas con ricos tapices con pinturas superpuestas, no escatimando ni siquiera los desnudos. Cuando sale al exterior repite situaciones de cámara y, lo que es más llamativo, el traje con el que Lady Sarah efectúa prácticas de tiro y con el que también monta a caballo.

Si por algo se caracteriza Lanthimos es por pasar, en la misma secuencia, del drama a la comedia sin solución de continuidad. Lo consigue también en este caso. No importa que el guion le sea ajeno o que se trate de una película de época. Las situaciones pueden trasladarse perfectamente a un tiempo actual. Incluso, da la sensación de que el ateniense se mueve con mayor soltura retrotrayendo su historia en el tiempo, sin escatimar sonrisas ni situaciones llevadas bastante al límite. Aprovecha bien los exteriores en una puesta en escena que a muchos le pueden rememorar a Milos Forman, o incluso a Las amistades peligrosas de Stephen Frears, debido a su temático. Nosotros la creemos más cercana a la obra del pintor y cineasta galés Peter Greenaway, y especialmente a El contrato del dibujante o Drowning by numbers. Se echa en falta, eso sí, la música de Michael Nyman.

Con todo, el punto más fuerte de una producción se encuentre en el elenco. Esta historia de mujeres presenta un trío de féminas a una altura que rara vez se ha visto en la pantalla. De momento, los parabienes parece que se los lleva Olivia Colman en su primer papel protagonista. Después de una larga carrera encuentra al fin su recompensa por medio de una reina decrépita, glotona y enfermiza. Rachel Weisz intenta combinar la ternura con la tozudez del mando. Lo mismo decide sobre una acción bélica y trae a raya a los políticos, que sabe complacer a Su Graciosa Majestad. Finalmente, Emma Stone es una hija de mala madre con todas sus consecuencias. Sibilina, calculadora y manipuladora, se aprovecha de sus encantos y su inteligencia. Difícil decantarse por una de las tres. Afortunadamente, con la compra de una entrada las disfrutamos en conjunto.

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