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Keepers, el misterio del faro (Keepers) (**)

29 abril 2019

Una isla misteriosa

Tres fareros llegan a una isla abandonado para ocupase de la luz de ayuda para la navegación. Se instalan en la rutina hasta que aparece una barca con un tripulante y un valioso cargamento. Poco después, se presenta un navío cuyos ocupantes están deseosos de recuperar a cualquier precio lo que consideran suyo.

Hay muchas leyendas de lugares malditos que provocan la locura. Por ejemplo, aquellas que cuentan que quien beba de una determinada fuente cuyos males achacan los escépticos a la violencia del viento. Las Islas Flannan, un archipiélago escocés de siete islotes, próximo a las Hébridas, han desarrollado su propia cosmogonía sobrenatural. En concreto, relacionada por el pequeño terruño desierto de Eilean Mor, donde se encuentra el único faro de los alrededores. Se trata de un lugar azotado por las tempestades y habitualmente serpenteado por la niebla.

La leyenda comenzó a urdirse pasada la Navidad de 1900, cuando el barco de suministros que efectuaba su ronda habitual llegó a Eilean Mor con un tipo llamado Moore, uno de los habituales cuidadores de la linterna, que había entrado en funcionamiento apenas un año antes. En el islote no encontraron ni rastro de los tres fareros que habían desembarcado allí algunas jornadas antes. A las tres desapariciones había que añadir el hecho de que el citado Moore enloqueciera pocos meses después. Estas circunstancias favorecieron una serie de relatos imaginativos que referenciaban a un enorme animal marino dispuesto a eliminar cualquier vestigio de vida en los alrededores.

Basándose en esas creencias Joe Bone y Celyn Jones han dado forma a una historia más pragmática. Aunque ni ellos ni el director debutante Kristoffer Nyholm, han tenido en cuenta que el reloj del faro se había detenido a las 9,30, únicamente media hora después de la última anotación en el diario del encargado principal. En este caso, tres hombres son trasladados hasta la isla para cuidar de las señalizaciones. Se trata del veterano Thomas Marshall -Peter Mullan, el experto James Ducat -Gerard Butler- y el joven Donald McArthur -Connor Swindells-. Los tres apellidos coinciden con los de la historia verídica, aunque la explicación de los hechos sea una auténtica fabulación.

En todo caso, los tres protagonistas rayan a gran altura y ayudan a que el relato sea mucho más creíble, especialmente cuando los acontecimientos se precipitan y la violencia alcanza niveles inesperados que rayan en la exageración. Los fareros llevan a cabo sus labores de forma casi mimética, resaltando las costumbres de cada cual, hasta que una barca con un tripulante encalla en la isla. Se produce una pelea entre el recién llegado y uno de los vigilantes, quienes descubren un valioso cargamento de lingotes de oro en un baúl. Poco después aparece un barco que fondea en una de las calas del que descienden unos hombres que vienen a reclamar el botín.

Hasta ese momento, la ambientación y la credibilidad de la propuesta parece anunciar un thriller psicológico de cierta envergadura. Cada uno de los tres protagonistas tiene sus propios fantasmas. Marshall hace poco que ha perdido su esposa, mientras que Ducat ha dejado a sus familiares en la costa escocesa. A McArthur le apodan bastardo por ser huérfano. El que más y el que menos tiene algo por lo que luchar en distintos porcentajes, aunque la locura se hermana con la niebla. Bien es verdad que la película ofrece una versión inventada de los hechos; por tanto, no es menos cierto que habrá que interrogar al faro acerca de la auténtica verdad.

La propuesta de Nyholm es, sobre todo, intimista. Sabedor de que la historia evoluciona hacia un terror mórbido impulsado por la codicia, da la sensación de que pretende huir de cualquier histrionismo inicial. Recurre a la cámara en mano, a planos cortos y a diálogos en voz baja, como si no quisiera despertar al monstruo que, según muchas de las fantasías tradicionales, deambulan atentos por esas aguas casi siempre gélidas. Tampoco hay que quitarle méritos a su responsable, quien ha sabido contener a Gerard Butler aun a pesar de ser coproductor de un proyecto destinado a su lucimiento. Lástima que la propuesta vaya de más a menos porque el interés del arranque no tiene nada que ver con la gratuidad del desenlace.

From → Cine

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