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Escuadrón de la muerte (The Kill Team) (**1/2)

22 diciembre 2019

Ambiciones militares

Un ambicioso joven quiere prosperar dentro del Ejército estadounidense que presta sus servicios en Afganistán.  Cuando su sargento es sustituido por otro más agresivo y de conducta temeraria, intenta imitarle. Al ser testigo del asesinato de civiles inocentes tendrá que tomar una determinación.

Nueva película basada en hechos reales referida, en esta ocasión, a un suceso de la guerra de Afganistán acontecido en 2009 y que concluyó con el castigo un año después a varios militares, uno de ellos a cadena perpetua. El documentalista Dan Klauss sorprendió con el trabajo del mismo título presentado en el Festival de Tribeca en 2013 y su debut en el cine de ficción se produce con una adaptación de aquella propuesta.

Se centra en el soldado Andrew Briggman –Nat Wolff-, cuyo padre –Rob Morrow- había pertenecido a las Fuerzas Armadas, pero detentando un trabajo administrativo. El chico, recién llegado a Afganistán, quiere progresar, aunque se encuentra en su unidad con el sargento Wallace, que prefiere los abrazos a las balas. No le sirvió de nada,  y terminó destrozado por una granada enemiga o una mina antipersona.

Lejos de intentarlo, la historia no se centra en que cuando más agresivo sea uno en la guerra más posibilidades tendrá de sobrevivir. Aunque parezca ser una consecuencia de lo visto, no se plantea ni siquiera mínimamente y ese detalle es la excusa para que aparezca un nuevo responsable, el sargento Deeks –Alexander Skarsgard-, que muestra una actitud opuesta a su antecesor. Desde el principio demuestra una mayor agresividad, y cuando Briggman le dice que aspira a encabezar su propia unidad le hace enfrentarse públicamente a puñetazo limpio con otro aspirante, Márquez –Brian Marc- para ver si realmente tiene la determinación suficiente para el puesto.

El protagonista se siente cada vez más atraído por la forma de trabajar de su sargento, hasta el punto de que intenta imitarle. No obstante, es incapaz de golpear a un prisionero indefenso. Eres un buen chico, le dice su superior. Aunque se encuentran en Afganistán principalmente para llevar a cabo acciones que afectan más a labores pacifistas, nunca se pueden obviar los francotiradores y los campos minados. Para Deeks es una obsesión encontrar a alguien que le diga quien pone las bombas en los alrededores y por qué los habitantes de la zona saben cómo esquivarlas.

El sargento es un referente y un modelo a seguir , especialmente para unos soldados demasiado jóvenes, que no encuentran mayor entretenimiento que las misiones repetitivas que deben cumplir cada jornada y que están muy lejos de su hogar. A todo ello hay que añadir las ambiciones de cada cual y el intento de escalar peldaños en el Ejército. A Deeks le falta un hervor para ser un fanático incontrolable, por mucho que el actor sueco que lo interpreta pretende proporcionar a su personaje una cierta aura en ese sentido. No acabamos de aceptar la forma en que desarrolla su rol, si bien es culpa del director en buena parte.

De esta forma se llega al verdadero epicentro, la muerte de civiles inocentes al mando de los hombres de Deeks. Cobran más protagonismo otros soldados, como Rayburn –Adam Long- y Coombs –Jonathan Witesell-. Sus intervenciones dan pie a convertirse en héroes y, en el otro extremo, a perpetrar acciones condenables. Ese es el caso del asesinato de civiles inocentes enmascarando la situación como si se tratase de un acto absolutamente bélico. Desencadena que, cuando menos, Andrew Briggman tenga que hacer frente a una importante duda: denunciarlo o callarse para tomar parte en lo que considera crímenes que atentan contra los derechos humanos. Sucede en un ambiente en el que Deeks comienza a sospechar de las lealtades de sus hombres.

La historian es dura y posee la novedad de mostrarnos el día a día de los soldados desplazados desde miles de kilómetros de distancia. Puede que sus actos más extremos sean la resultante de lo que pueden o no pueden hacer a lo largo del día. También viene en función de sus superiores, que deben de ejercer siempre como educadores. La diferencia entre unos y otros se manifiesta por la comprensión o el autoritarismo. Hay quien castiga un cigarrillo de marihuana y quien le dice a sus hombres donde adquirir una mejor mercancía.

Al contrario que la mayoría de producciones, la unión de los diferentes apartados de este filme no significa mayor valor cinematográfico. La fotografía se queda muy por debajo de otras producciones bélicas centradas en este mismo escenario, que fue recreado en Fuerteventura. Sucede lo mismo con la puesta en escena e incluso con la interpretación. De ahí que, pese a centrarse en una temática absorbente y rotundamente denunciable, no llegue a impactar lo suficiente. El asunto tratado habría merecido más contundencia.

From → Cine

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