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Manhattan sin salida (21 Bridges) (***)

21 febrero 2020

Metrópoli bloqueada

Un detective se hace cargo del asesinato de varios policías. Supone que las primeras horas resultan cruciales para atrapar a los culpables y solicita que se aísle Manhattan. Por primera vez, se cierran los veintiún puentes que comunican la isla, así como las estaciones de ferrocarril y las marítimas.

Normalmente, cada vez que encontramos la frase sin salida en el título de una película hay una vía de escape. Es una obviedad, pero quienes tienen la responsabilidad de nombrar los filmes nunca se detienen a comprobar ese axioma irrefutable. En este caso se respeta esa afirmación porque no en vano es la primera vez que en una propuesta realista se cierra totalmente la isla de Manhattan, incluidos sus veintiún puentes, de ahí su título original.

La iniciativa parte de un detective de policía, Andre Davis –Chadwick  Boseman-, encargado de investigar el asesinato de siete policías.  Su jefe, el Capitán McKenna –J.K. Simmons- le asigna una compañera. Se trata de Frankie Burns –Sienna Miller-, una madre soltera de la brigada de narcóticos recibida a regañadientes. Puedes usarme o enfrentarte a mí, dice. Lo visto hasta entonces parece exagerado, y la propuesta de Davis todavía más. Se escuda en que el alcalde no quiere que ese crimen quede impune y él razona. Los criminales no irán a State Island, ni a Brooklyn, poblado de policías. Tampoco estarían en su ambiente en Queens, por lo que Manhattan emerge como la única posibilidad.

En la isla pueden encontrar refugio y ayuda para un posible cambio de identidad. Las primeras horas son cruciales. Si no logran dar con ellos en un breve espacio de tiempo, sus fechorías quedarán impunes. A Davis se le concede hasta las cinco de la madrugada. Tiene cuatro horas para resolver el caso y ese será el tempo que los accesos y salidas de la isla se encontrarán cerrados.

Llegados a ese punto, ya sabemos las señas de identidad de esta propuesta encargada a Brian Kirk, cuyo primer trabajo ante las cámaras, y único hasta ahora, Middletown, lo dirigió en 2006 en su Irlanda natal. Desde entonces ha acumulado una gran experiencia en series televisivas, incluyendo a Dexter, Boardwalk Empire y Juego de tronos. Abre la proyección con el funeral de un policía, el padre de Davis, que fue abatido en acto de servicio. Todos sus compañeros le rinden homenaje en una secuencia que se resuelve con un plano casi cenital gracias a un dron.

Diecinueve años después, el protagonista es investigado por miembros de asuntos internos debido a que ha matado al menos a tres delincuentes. Se supone que tiene el gatillo fácil, pero no hay pruebas concluyentes de que lo hiciera impulsado por la ira o la venganza. Esa noche, dos malhechores, el violento Ray –Taylor Kitsch- y su colega Michael –Stephan James- asaltan un local por encargo para hacerse con un botín de treinta kilos de cocaína sin cortar. En realidad, hay diez veces más y deciden largarse con cincuenta kilos en el momento en que llegan varios coches patrulla de la policía de Nueva York. Los atracadores logrean salir ilesos dejando un reguero de cadáveres a su paso.

Con esta acción y el enfrentamiento entre Davis y dos agentes federales que quieren intervenir en el caso, ya tenemos a nuestra disposición las claves principales de la historia. La acción transcurre por la noche, con los rascacielos iluminados, los bajos fondos ocultando misterios y los drones utilizados a discreción. La aparición de los agentes en el lugar del crimen parece advertirnos de una corrupción policial cuyas ramificaciones desconocemos. sin olvidar el enfrentamiento entre personajes para que nadie invada el radio de acción de cada cual.

Naturalmente, Ray y Michael buscan apoyo. Quieren aprovechar lo sustraído de más para garantizarse una escapatoria. Así se lo hacen saber a Busch –Louis Cancelmi-, su enlace, mientras que Adi -Alexander Siddig- será el encargado de proporcionarles nuevas identidades y preparar su huida a Miami a la mañana siguientes. Los elementos policiales se refuerzan con la presencia del teniente Kelly, que parece ir un paso por delante de Davis y su compañera.

No hay recovecos en el guion. La historia es simple y hasta previsible en cada pasaje. También hay una violencia casi continua. No podía ser de otra forma con el respaldo en la producción de los hermanos Russo, y, sin embargo, se eleva como una de las mejores propuestas del género en los últimos años. Brian Kirk dirige con tino, utiliza bien la cámara y consigue una buena compenetración entre Boseman y Miller. Su desarrollo es directo para extraer de su protagonista algo más que un policía obsesionado con el asesinato de su padre. Davis piensa, y sus actos siempre obedecen a una línea coherente de actuación.

Los antagonistas también tienen pasado y características propias. No llegas a empatizar con ellos, pero en ningún momento se muestran como matones sin cerebro cuyos actos son más irracionales que premeditados. El manejo de los hechos en tiempo real y las vistas nocturnas dan más veracidad a un relato que no logra desprender de muchos de los clichés habituales en este tipo de propuestas. Nada hay extraordinario, pero casi todo está bien hecho y mantiene una buena factura.

From → Cine

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